Antes que el diablo sepa que has muerto
Sidney Lumet era un trabajador nato. Un cineasta de la vieja guardia crecido en la época de la televisión. Un hombre con una acusada conciencia...
Es decir, desde sus inicios, Nicholson tuvo grabado a fuego en la piel el estigma del delirio. Demasiados indicios y pistas indicaban que no destacaría precisamente por interpretar al ciudadano medio norteamericano. Por ponerse en el pellejo de tipos mediocres, burócratas o aburridos banqueros. Algo lógico porque en caso de que Nicholson se quedase mirando fijamente a alguien, su interloctutor inmediatamente creería estar drogado o comenzaría a sentirse mareado. Como si estuviese en un limbo fuera de la realidad. Por lo que obviamente, estaba condenado a pasar a la historia por personajes lunáticos y excesivos que, en realidad, no parecían distintos a él sino un pedazo de su ser.
¿Es Jack Nicholson un actor? Yo creo que no. Yo creo que es una fuerza de la naturaleza. Un relámpago en el mundo del arte. Una hiena. No creo realmente que sea posible clasificarlo de ningún modo. Nicholson es la extrañeza fluyendo libre en medio del estereotipo. Un intento de Hollywood por normalizar la enfermedad e integrar la excentricidad en el sistema. Y por eso, la mayoría de films -caso del mítico Alguien voló sobre el nido del cuco– que ha interpretado, no parecen obras de ficción sino biografías.
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