Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Tanto el resacón post-Woodstock como el amargo sabor que dejó la revolución hippie tras su fracaso, pueden sentirse en los cuatro temas que continúan a «21st Century Schizoid Man». Todos ellos se refieren a parajes y símbolos imaginarios pero como es lógico, también a la realidad de una manera tan sutil que termina por retratar el estado de ánimo de una época y generación sin necesidad de aludir al mismo. La apuesta de King Crimson siempre tuvo mucho de metafórica y no necesitaron ni explicarla ni racionalizarla para que los oyentes que se encontraban atentos a su libre fluir pudieran encontrar las respuestas que buscaban sin necesidad de intelectualizarlas en exceso. Aunque lo único que el público necesitaba en la mayoría de los casos, era un refugio estético -a mitad de camino entre la música sinfónica y experimental- contra esa confusión de entre décadas a la que David Bowie y Marc Bolan dieron forma a través de símbolos como el marciano, la revolución transexual o el sexo poliformo hasta que el advenimiento del punk, los gritos de John Lydon, las pesadillas de Sid Vicious, la música techno y la new wave acabaron con cualquier atisbo de utopía restante. Una utopía que, eso sí, aún puede atisbarse en este disco de King Crimson aunque de alguna forma, la veamos perecer, desvanecerse en el horizonte conforme la mórbida y triste belleza de estas canciones se va desarrollando.
Creo que lo que me fascina de In the court of the crimson king es precisamente esto. Que es una oda al amor perdido e imaginario. Un adiós al viejo y utópico mundo. Pero también, una introducción a la compleja sociedad del futuro que años después, Robert Fripp retrataría con los arañazos experimentales de una guitarra que fue símbolo de vanguardia y riesgo, locura y frenesí y donde puso sus tentáculos cambió -aunque fuera mínimamente- el curso de la música moderna. En realidad, el primer disco de King Crimson no resulta escéptico ni triste sino que posee una tersa belleza, una oscura luz en su interior que lo hace sumamente atractivo. Es capaz de tomar distancia de la época en que surgió incluso en los pasajes más experimentales y evanescentes hasta crear su propio espacio. Un rincón sobrenatural por el que sobrevuelan historias míticas y telúricas con un fondo espectral tras el que se anuncian muchas de las futuras obras del post-rock o el ambient.
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