Unas cuantas lecturas (3)
Dejo a continuación un nuevo avería sobre algunas de las últimas lecturas que he realizado. No sé si hace falta recordar que mi ánimo no es crítico....
El aspecto que más me fascina de la literatura de Enrigue es el tono neutro que alcanza en ocasiones. Pues es capaz de hacer sentir que es la propia literatura la que está hablando. Que el escritor ha sido eliminado del libro para que hable la narración. Y por ello, no puedo evitar sentirme decepcionado cuando vuelvo a escuchar al escritor en medio de todo esa máquina literaria tras la que se esconde. Tal vez porque, en el fondo, Hipotermia sea una confesión velada y desencantada de su fracaso como creador. De cómo estaba comenzando a ser devorado por el sistema de premios, presentaciones, Becas, trabajos alimenticios, agentes, festivales, libros a escribir en fechas fijas así como el necesario mantenimiento del estatus e imagen que tal vez -sólo tal vez- lo hayan terminado por convertir en otro hilo del tejido industrial literario. Del imperio del libro neoliberal.
Sin dudas, Hipotermia tiene una amplia virtud. Que es un texto a mitad de camino de muchos mundos y es un claro reflejo, por tanto, de Alvaro Enrigue: un escritor tan sumergido dentro del sistema literario como desplazado de su centro. Una especie de cantautor inglés en medio de Tepito. Un integrado sin fuerzas ni ganas para convocar el Apocalipsis. Un latino elegante y contenido dentro del agresivo mundo universitario norteamericano. Es decir; una rara avis que, no obstante, no es lo suficientemente extremo para ser considerado un raro o un excéntrico. Ni tampoco exactamente un escritor vendido al comercio. De hecho, lo que transmite Hipotermia es indefinición y cierta impotencia. Y también abulia. Pues, repito, probablemente es un involuntario testimonio de cómo la socialización de la literatura ha terminado con la creatividad de unos cuantos escritores y ha fragmentado y destrozado cientos de vocaciones.
No recomendaría a nadie que no fuera escritor Hipotermia. Ni a ningún adolescente atraído por el arte literario. Pero creo que a cualquier escritor debería interesarle. Porque es un texto que habla entre líneas de cómo la cobardía reina en la literatura. Y cómo el suprimir la locura del banquete literario social, ha transformado la narrativa en un peligroso arma al servicio del sistema y el poder. En ningún caso, contra el sistema y el poder.
0 comentarios