El final del ruido
Llevo varios días durmiendo a trancas y barrancas y trabajando sin cesar pero realmente hoy puedo decir que me encuentro satisfecho porque, ahora...
El Gabriel que nos encontramos aquí es capaz de realizar con increíble soltura arte disonante. Logra, por ejemplo, que las guitarras acústicas suenen como si fueran eléctricas, cantar como si lo estuviera haciendo a través de un embudo y extraer un sonido que cruje y podría perfectamente, en algún caso, proceder de una cañería rota.
Da la sensación de que Gabriel no se planteó estos discos como si fuera músico sino que lo hizo como si estuviera emprendiendo una divertida aventura. Sin miedo a equivocarse, caminar hacia rincones desconocidos ni encontrarse fuera de juego o desprevenido. Y por eso aún siguen iluminando nuestro futuro. Son pozos creativos que forman paisajes diversos, mutantes y alternos que no se detienen a darnos una imagen fija y definida jamás. Al contrario, logran que cualquier objeto, instrumento, acorde o idea sea desestructurado, descompuesto y revalorizado en su interior. Shalam
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