Influencias
Los escritores tienden o bien a mostrar con claridad sus influencias o bien a ocultarlas. En el primer caso, el peligro procede de la comparación....
En realidad, tras un gran autor suele haber o esconderse otro muy conocido de literatura popular. Detrás de Watchmen de Alan Moore, se hallaban un sinfín de guionistas de la Marvel y la DC que habían convertido a los cómics de superhéroes en el menú habitual de los adolescentes norteamericanos. Tras El mundo sumergido de J.G.Ballard podía vislumbrarse el aura de unas cuantas novelas de Julio Verne y, sobre todo, esa literatura de catástrofes y apocalíptica que poblaba los aeropuertos occidentales durante los años 70 y 80. La dimensión desconocida bebía del espíritu pulp de muchas de las revistas que poblaban los kioscos norteamericanos con bizarras y entrañables historias de extraterrestres. Incluso -a pesar de haber dirigido ya Bird– para consagrarse como autor cinematográfico Clint Eastwood tuvo que apoyarse en el western y romper algunos de sus códigos en Sin perdón. Y no tengo ninguna duda de que, antes o después, Michael Crichton será saqueado para construir las grandes obras de la ciencia ficción del futuro. Bastará con desviarse de la plana autopista construida en sus novelas y desarrollar un aspecto de los muchos abiertos por sus obras para crear complejos y novedosos laberintos mentales que abran nuevos espectros de la conciencia humana y la narrativa.
En este sentido, siempre me ha sorprendido el prestigio y éxito de H.P. Lovecraft. Porque convendremos en que ni sus historias son muy complejas ni poseen un carácter literario refulgente. De hecho, simplifican posiblemente los logros de Edgar Allan Poe, la novela gótica o Nathaniel Hawthorne. Entre Lovecraft y Disney no existen tantas diferencias por motivos que tal vez explique en otro avería. Y sin embargo, sus textos son sumamente deliciosos. Tal vez incluso adictivos. Son totales. Absolutos. Son comerciales, sí, pero también maquiavélicos. En su día, pasaron prácticamente desapercibidos y hoy gozan del desprecio universitario. Son casi un desecho. Escoria metafísica cayendo sobre la civilización occidental. Prácticamente un reflejo del rostro de los dioses primigenios. Y eso los convierte en fascinantes y enigmáticos. Obras simples que rompen todos los prejuicios y moldes y dejan cualquier análisis en ridículo. Convierten a los críticos y en general, a todos los seres humanos en piezas inservibles del Universo. Shalam
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