El fantasma
Con suma lucidez, sugería William Shakespeare en su Hamlet una idea -"los fantasmas están vivos"- en la que insistieron Freud y Lacan. El ser humano...
¿Un dios verdadero necesitaría considerarse único? Esta es la pregunta que los gnósticos se hacían respecto a la religión judía y su respuesta es negativa. Si fuera realmente el dios de la iluminación, el del amor y la paz, no necesitaría realizar esa afirmación ni demostrar su poder una y otra vez ante sus súbditos. Si posee un carácter airado y orgulloso es porque probablemente es un usurpador. Es, sí, en esencia el rey del mundo material que controla la humanidad con mano de hierro y lengua de fuego pero no del espiritual, aunque así pueda parecerlo, dado que sus engaños son tan grandes que ha llegado a ser cabeza de la mayoría de iglesias de este mundo.
No sé si esto que acabo de indicar suena muy ingenuo pero es lo único que se me ocurre ante la tragedia diaria que desde hace años viven los palestinos por culpa de unos tiranos. Unos manipuladores esclavizados al dinero que se instalaron en Oriente Medio con el consentimiento de la comunidad internacional cuando obviamente, si se trataba de reparar los crímenes cometidos por Hitler el genocida, se debían haber aposentado en Alemania. Cerca de Munich o Buchenwald o Auschwitz. Y si se trataba de pagar ciertos favores y deudas, pues mismamente podían haberlo hecho en las proximidades de Londres o Nueva York.
Dejaré que hable en este caso, el personaje que protagoniza Ruido que, al fin y al cabo, tiene muchos, muchísimos menos pelos en la lengua que yo y como está muerto no tiene miedo a nada ni a nadie: «Fíjate cuándo abre la boca el dios Yahvé en sus libros. Ahí ruge la marabunta humana, los animales y las montañas pero no de respeto. No hay respeto sino miedo y temor en ese rugido, en esos gritos que se extienden por el horizonte hasta desatar violencia y tormentas. Porque el dios Yahvé es una bomba. Una metralleta. Una granada. Un tanque. Un guerrero. Un poeta egoísta. La sonrisa en la boca de tus hijos muertos. Un profesor de poesía en una Universidad. Un sinfín de contradicciones entremezcladas a favor del odio y la maldad. Un ángel destructor que demuestra que la Biblia comienza por su final. Porque vivimos actualmente el fin de los tiempos y el Apocalipsis, la «revelación» y la buenaventura consisten básicamente en regresar al principio: retornar al origen, justo antes del paraíso, donde no existían los mares ni las tierras ni se tenía noticias afortunadamente de Yahvé. Ese señor de la nada que nos ha hecho entender exactamente, palabra por palabra y punto por punto, a qué se refería el coronel Kurtz cuando aludía al horror y rogaba porque un diluvio, el fuego, yo que sé, algo procedente de los cielos o de la tierra o de los mares se encargara de quitar la simiente del hombre blanco de este planeta para siempre y jamás. Y si es sionista, mejor». Shalam
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