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El hombre mediocre

Abr 24, 2024 | 2 Comentarios

Cualquier lector habitual de avería sabrá que no suelo recurrir a la cita textual pero, de tanto en tanto, leo ciertos pasajes en algunos libros que no puedo evitar plasmar completamente. Este es el caso del siguente extracto. Una lúcida reflexión que aparece en El hombre mediocre de José Ingenieros. Un ensayo que tuve el placer de leer décadas atrás, cuando vivía en Buenos Aires.

A fuerza de ser sincero, no coincido en todo lo apuntado por Ingenieros en su famoso libro (Ingenieros siempre pecó del mal de muchos intelectuales argentinos, la pedantería y la soberbia) pero sí con muchas de sus observaciones, como es el caso de la que dejo a continuación. Una lúcida disertación sobre la política de su época que parece en realidad una radiografía de la de nuestros tiempos. Acaso tan sólo le falta la referencia a Montesquieu y la ausencia de la consabida separación de poderes para ser absolutamente exacta. Por más que entiendo que en estos párrafos en concreto lo que a Ingenieros le interesa es describir el gallinero político y no incidir en las causas de por qué ha degenerado en mendaz espectáculo.

Ahí va.

El hombre mediocre

«Causa honda de esa contaminación general es, en nuestra época, la degeneración del sistema parlamentario: todas las formas adocenadas de parlamentarismo. Antes presumíase que para gobernar se requería cierta ciencia y arte de aplicarla; ahora se ha convenido que Gil Blas. Tartufo y Sancho son los árbitros inapelables de esa ciencia y de ese arte. La política se degrada, conviértese en profesión. En los pueblos sin ideales, los espíritus subalternos medran con torpes intrigas de antecámara. En la bajamar sube lo rahez y se acorchan los traficantes. Toda excelencia desaparece, eclipsada por la domesticidad. Se instaura una moral hostil a la firmeza y propicia al relajamiento. El gobierno va a manos de gentualla que abocada el presupuesto. Abájanse los adarves y álzanse los muladares. El lauredal se agosta y los cardizales se multiplican. Los palaciegos se frotan con los malandrines. Progresan funámbulos y volatineros. Nadie piensa, donde todos lucran; nadie sueña, donde todos tragan. Lo que antes era signo de infamia o cobardía, tórnase título de astucia; lo que otrora mataba, ahora vivifica, como si hubiera una aclimatación al ridículo; sombras envilecidas se levantan y parecen hombres; la improbidad se pavonea y ostenta, en vez de ser vergonzante y pudorosa. Lo que en las patrias se cubría de vergüenza, en los países cúbrese de honores.

Las jornadas electorales conviértense en burdos enjuagues de mercenarios o en pugilatos de aventureros. Su justificación está a cargo de electores inocentes, que van a la parodia cono a una fiesta. Las facciones de profesionales son adversas a todas las originalidades. Hombres ilustres pueden ser víctimas del voto: los partidos adornan sus listas con ciertos nombres respetados, sintiendo la necesidad de parapetarse tras el blasón intelectual de algunos selectos. Cada piara se forma un estado mayor que disculpa su pretensión de gobernar al país, encubriendo osadas piraterías con el pretexto de sostener intereses de partidos. Las excepciones no son toleradas en homenaje a las virtudes: las piaras no admiran ninguna superioridad; explotan el prestigio del pabellón para dar paso a su mercancía de contrabando; descuentan en el banco del éxito merced a la firma prestigiosa. Para cada hombre de mérito hay decenas de sombras insignificantes. Aparte esas excepciones, que existen en todas partes, la masa de «elegidos del pueblo» es subalterna, pelma de vanidosos, deshonestos y serviles. Los primeros derrochan su fortuna por ascender al Parlamento. Ricos terratenientes o poderosos industriales pagan a peso de oro los votos coleccionados por agentes impúdicos; señorzuelos advenedizos abren sus alcancías para comprarse el único diploma accesible a su mentalidad amorfa; asnos enriquecidos aspiran a ser tutores de pueblos, sin más capital que su constancia y sus millones. Necesitan ser alguien; creen conseguirlo incorporándose a las piaras. Los deshonestos son legión; asaltan el Parlamento para entregarse a especulaciones lucrativas. Venden su voto a empresas que muerden las arcas del Estado; prestigian proyectos de grandes negocios con el erario, cobrando sus discursos a tanto por minuto; pagan con destinos y dádivas oficiales a sus electores, comercian su influencia para obtener concesiones en favor de su clientela. Su gestión política suele ser tranquila: un hombre de negocios está siempre con la mayoría. Apoya a todos los Gobiernos. Los serviles merodean por los Congresos en virtud de la flexibilidad de sus espinazos. Lacayos de un grande hombre, o instrumentos ciegos de su piara, no osan discutir la jefatura del uno o las consignas de la otra. No se les pide talento, elocuencia o probidad: basta con la certeza de su panurguismo. Viven de luz ajena, satélites sin color y sin pensamientos, uncidos al carro de su cacique, dispuestos siempre a batir palmas cuando él habla y a ponerse de pie llegada la hora de una votación». Shalam

المال لم يجعل الإنسان ثريًا أبدًا، لأنه لا يؤدي إلا إ إلى زيادة جشعه.

Nunca hizo rico al hombre el dinero, porque solamente le sirve para aumentar su codicia

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….la reunion de la imagen pretende el acercamiento para terminar con el abuso permanente….estamos solo en el 2024….
    2imagen….el desastre de la iglesia….(que dificil es ser un dios-2013-
    aleksey german)…..
    3imagen…comportamientos en los paises pobres…..en la 1imagen la fuerza(con armas) y en la 2ºimagen la religion(la fuerza medieval).
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=11sMDQIgggA….trailer de hard to be a god-2013…….

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      1) Imagen de una traición. Imagen de una locura ilustrada que degenera en baño de sangre porque no hay ideales que cumplir, sólo intereses que conseguir. 2) La rica Edad Media. ¡Cómo me hubiera gustado vivir en aquella época! Claro, sin peste y sin heridas de espada. 3) Guirigay. Todo con la excusa de la barbarie. PD: Brueguel, Tarkovsky frente a frente. cine ruso. Eisenstein. Rabelais. Un ejemplo de cómo el comunismo deviene en consumismo.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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