Antonio Vega: el arcángel de la muerte
Antonio Vega fue el arcángel del pop español. Su actor más esquivo y quebradizo. Y por ello resulta delicado referirse a él. Palabras mayores....
Las sinfonías de Frizzi tienen muchos componentes morbosos e irónicos. A veces, parecen una revisión kitsch de las míticas bandas sonoras de la Hammer, una amplificación divertida de ese mundo de imágenes telúricas e inquietantes sonidos compuestos por la compañía inglesa, pero en otras ocasiones, parecen espectrales ampliaciones de las coquetas melodías de Burt Bacharach. De hecho, son casi ramificaciones de los discos ambientales. Bifucarciones, eso sí, a las que se le añadían ciertos samplers y esquivos sonidos orgánicos para adaptarlas al gusto del público que acudía al cine a divertirse viendo rodar cabezas y vísceras por la pantalla o enormes hileras de zombies desplazándose por las avenidas de la ciudades modernas
Es obvio que Fabio Frizzi me parece un verdadero maestro musical. Pero no tanto por sus logros sino más bien por su humildad. Pues en todos sus discos se trasluce un intenso amor y respeto hacia la música. Cierta lucidez y consciencia de que en el fondo, sus trabajos son divertimentos y si acaban convirtiéndose en obras maestras es más por la pasión y sabiduría que introduce en ellos que debido a sus pretensiones artísticas. Frizzi, sí, es uno de esos escasos músicos profesionales que sabe dónde están sus límites y no los rebasa. Se siente contento por el mero hecho de poder componer y desde luego que lo transmite. Al fin y al cabo, en sus manos, el terror es un caramelo. Un dulce de chocolate que accede con suavidad en nuestro estómago. Una lección que debiéramos aprender sí o sí para continuar vivos. Puesto que sus discos consiguen que imaginarnos nuestra muerte o la de nuestros seres queridos más que una tortura, sea una liberación. Shalam
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