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Ene 22, 2025 | 4 Comentarios

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Es difícil encontrar un guitarrista como Phil Manzanera. Alguien que convirtió la guitarra en un ser vivo. Lograba hacerla maullar o ladrar. Conseguía a base de efectos e instinto que sus riffs sonaran flexibles, abstractos, difusos, envolventes y, al mismo tiempo, llenos de vitalidad.

Manzanera amaba la guitarra. Pero como se ama a la persona con la que compartimos la vida. No era un perfeccionista. La perfección le aburría. Mataba la inspiración. El prefería improvisar. Le gustaba no tener totalmente claro lo que iba a ocurrir ni en el estudio ni en directo para así poder ser creativo. No era un virtuoso. Tampoco un punk. Era un explorador. Un tipo al que le gustaba viajar con la guitarra. Convertir la música en un sendero, una fiesta de acordes rupturistas y místicos.

No más que hay escuchar al grupo que tenía antes de formar parte de Roxy Music: Quiet Sun. Una banda que estaba a mitad de camino del sonido Canterbury, del free jazz, las marcianadas de Miles Davis y del rock progresivo con la que no pudo grabar un disco hasta que ya se había ganado una reputación en el mundo de la música. Sus primeras maquetas fueron todas rechazadas y tachadas de anticomerciales por la industria.

Manzanera era un vanguardista al que sus conexiones con el mundo latino (su madre era colombiana y pasó varios años de su infancia en Cuba y Venezuela) le hicieron imprimir ritmo y vitalidad, sabrosura, a las frías estructuras vanguardistas. Su desenfado y su versatilidad casaron bien con el temperamento atrevido y glam, las locuras de los primeros Roxy y la concepción rupturista del arte de Brian Eno. Ni Manzanera ni Eno se consideraban propiamente músicos. Manzanera era un guerrillero. Un aventurero divertido. Un vitalista. Y Eno directamente una célula inclasificable y mutante que iba experimentando por aquí y por allá.

Como es bien sabido, Eno no tardó en volar lejos de Roxy Music. Manzanera sin embargo, prosiguió en el grupo hasta su disolución en los primeros 80. El afán de protagonismo de un Brian Ferry que acaparó todo los focos y el control del grupo no dejaba voz ni voto a casi ninguno de los miembros de Roxy.

El primer conato de separación de la banda se produjo cuando Ferry comenzó a grabar discos en solitario. Por ese motivo, a mitad de los 70 hubo un parón en la banda que, ni corto ni perezoso, Manzanera no dudó en aprovechar.

De primeras, grabó un álbum delicioso, lleno de vida, magnético en el que recuperaba sus raíces latinas: Diamond head. Un álbum en la onda de lo que por aquel entonces realizaba Santana. Un obra libre que parecía haber sido engendrada en las sierras de Bolivia o en los valles del Perú en la que además, introdujo ciertas sonoridades vanguardistas, jazzies, folkies y glammies que la hacían irresistible. Un viaje en el que colaboraron Robert Wyatt, Eno y alguno de los miembros de Quiet Sun. Uno de esos recorridos que le reconfortan a uno con los poderes naturales de la música, los poderes chamánicos de los instrumentos. Una marimba afrocubana y marciana. ¡Una genialidad!

No obstante, lo mejor estaba por llegar. Eno y Manzanera se tenían ganas. Manzanera había colaborado en los dos primeros discos del mago de los sintetizadores. Su guitarra formaba parte del telúrico y sinuoso sonido desarrollado allí, de esa producción en la que cada instrumento parecía un tejido marciano. Pero ninguno de los dos era un músico al uso. Cada uno a su modo estaba loco (en el buen sentido de la palabra). Ambos estaban convirtiendo el pop en una experiencia y en una búsqueda. Así que formaron un grupo cuyo nombre procedía precisamente de una canción («The True Wheel») del segundo disco de Eno, Taking Tiger Mountain (By Strategy), cuyo estribillo reza:  «Somos los 801».

Eno y Manzanera aunaron en torno a 801 a otros tantos exploradores (Bill MacCormick y Lloyd Watson entre ellos), a músicos muy profesionales y otros más amateurs e instintivos y se dedicaron a improvisar sin demasiadas reglas. A veces hacían rock progresivo o jazz, una versión de un clásico o tiraban del cancionero de Eno. En realidad, la única norma que tenían clara era que el grupo tendría una duración limitada. Unas semanas, unos pocos meses y ya. De hecho, no dieron más que tres conciertos. Tres conciertos históricos llenos de buenas reseñas, de los que emergió una sensacional grabación cuya producción aún continúa asombrando debido a la nitidez y profundidad del sonido.

Los que se dedican a la sonorización sabrán del método de inyección directa que al parecer se utilizó por primera vez en aquel disco, que recogía su actuación en el Queen Elizabeth Hall.

No obstante, las seis semanas se quedaron lógicamente cortas. Ahí había demasiado jugo como para dejarlo en algo tan pasajero. A Eno le daba igual. Eno era más bien un activista. Eno era un pintor. Un colaborador. Un visionario. Su proyecto era volátil, mutante. No podía estar mucho tiempo en el mismo sitio ni mental ni artísticamente. Así que cuando Manzanera grabó un disco con parte de los integrantes de 801, Eno no compuso nada nuevo. Se contentó con colaborar, aportar sus sintetizadores y dejar, eso sí, sus consejos e impronta a un álbum que es lo más parecido a una obra colectiva y viva que yo recuerde, sin dejar de ser a la vez un álbum de Manzanera, Bill MacCormick (y el enigmático y disoluto Eno).

En Listen now (así se llamaba el álbum) colaboraron, entre otros, Kevin Godley y Lol Creme de 10cc y Tim Finn y eddie Rayner de Split Enz (una banda a la que Manzanera conoció durante una gira con Roxy en Australia y a la que produjo su segundo disco). Pero lo importante es que, a pesar de todo ese enorme surtido de colaboradores, Listen now era una obra autónoma y sólida, con una personalidad muy definida. Una verdadera maravilla que apareció en el año del estallido del punk y que, como toda obra visionaria y autónoma, apuntaba al futuro. Concretamente, a la new wave y al post-punk. Pero lo hacía de manera muy personal.

En Listen now, de hecho, hay baile y elegancia. Baile sensual y sofisticado pero también baile un poco vacilón, de club de primera fila latino. De hecho, los coros y desarrollos vocales de algunas canciones remiten, en algún caso, al merengue. Otras tenemos melodías siderales, rock espacial y travestido que recuerda a Roxy Music. Y también canciones alegres que permiten rememorar el rock de los 50 cuyo elegante tratamiento las convierte en evanescentes, deliciosas gotas de música pop.

La guitarra de Manzanera, por supuesto, suena tan viciosa y atrevida y espacial como siempre. Se desdobla, crea atmósferas y provoca situaciones. Esa guitarra podría aparecer en Lodger y combinarse perfectamente con la de Robert Fripp en Heroes. Y, por otro lado, la voz de Simon Ainley es realmente evocadora y sensual. Muy sensible. Realiza un trabajo extraordinario contribuyendo a convertir Listen now, por momentos, en una epopeya de soul disolvente, con tintes nocturnos, que lo mismo recuerda a los Pink Floyd más accesibles que al Bowie más alucinado que a Bee Gees. Una maravillosa paranoia rítmica cuyo legado el tiempo no ha hecho más que agrandar. Shalam

الحياة هي عملية مستمرة من العذاب

La vida es un constante proceso de agonía

4 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…un secreto abonico…..(la pantera rosa…mancini)…..
    2imagen….que nadie piense que soy un insecto solo miro lo que hay dentro del gallinero…….
    3imagen….veo la boina toxica….
    4imagen….debajo de la cabina el tablon de buster keaton……. (direccion formentera lady)……
    5imagen….cinco lobitos(barsa – madrid)…jajajajjj…..
    6imagen….abro la ventana y cae la cabeza del antiguo humano…despues la recoge un niño llevandola a la fabrica de gomas….(david lynch)…..1977…
    PD…gaspacho en la taza…dara el jinete con la flecha en la luna….
    https://www.youtube.com/watch?v=RbVFsk7r99A&list=PLGfb2R92OHulYFUl2BrHyjHm6AqX-2Dot&index=2….sere capaz de hacer algo diferente(sonido canterbury)….1970…en eso estaba kevin ayers en ibiza…..

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Dos gigantes surreales. Posible película dibujada por Moebius. Años 70. 2) El origen de aquel vídeo de U2. La mosca. The fly. 3) Melies, impresionismo y jazz. Al fondo Robert Wyatt. París convertida en un campo bucólico. 4) El tren de la bruja moviéndose por Colombia o cualquier sitio… Manu Chao ha escuchado este disco. Ja.. 5) Los conciertos convertidos en excursiones campestres. Sutileza 6) Puro músico negro. Parece el germen de Kook and theGang. Huele a calle sucia de Nueva York pero también a estilo. PD: muy minusvalorado Kevin Ayers. Buenísimo. No sé si le hice ya un avería. Si no, habrá que hacerlo.

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  2. d el demasiado

    que amplia tu reseña, ALejandro… hay que meterle caña para encontrar el lenguaje para esto, que igual tambien es bien especifico y casi tecnico. Que lindo detalle, lo de Manzanera siendo latino, de repente el nombre es tán básico, tán de la tierra… cosa que sus gafas no permitían asociar.

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    • Alejandro Hermosilla

      Lo de las gafas y el apellido. Exacto. Ese Manzanera gafudo y latino capaz de convertir a Robert Fripp en su colega. Estos días estuve leyendo la biografía de Manzanera y me gustó mucho. Conocí unas cuantas cosas de su vida que impactan en su arte. Y bueno, Listen now.. es una referencia. Qué pasada de disco.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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