Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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De una manera u otra, todos los films de la saga creados por George Lucas han hecho referencia (siempre veladamente) a sucesos que estaban ocurriendo y, sobre todo, por ocurrir, inoculando ciertos mensajes en el inconsciente colectivo. En la trilogía original, tras cientos de esfuerzos y décadas de incontenible lucha, los rebeldes, demócratas y aliados de los jedis acababan con los maquiavélicos planes del Imperio y años más tarde, caía el muro de Berlín. Provocando que, a tono con las celebraciones de los acólitos de Han Solo y Luke Skywalker al final de El retorno del jedi, Occidente se convirtiera en una fiesta inmensa de crédito, dinero fácil y «supuesta» democracia durante la década de los 90. A lo que contribuía la infantilización de gran parte del cine de Hollywood de la época y por supuesto, ciertos detalles del Episodio VI de Star Wars. Tanto es así que a veces en mis delirios, he pensado que los ewoks, esos muñecos surgidos en medio de un planeta perdido y utópico, eran en gran medida el lado amable del «dinero deuda». Y que, por contra, los Gremlins, aquellos monstruitos de la película de Joe Dante, eran una advertencia de sus peligros.
Decía Slavoj Zizek y puedo comprenderlo, que la transformación de Anakin en Darth Vader carecía «de grandeza trágica, porque en vez de centrarse en el orgullo de Anakin visto como un deseo irresistible de intervenir, de hacer el Bien, de ir hasta el final por aquellos a los que ama (Amidala), extraviándose de este modo en el Lado Oscuro, Anakin es presentado simplemente como un guerrero indeciso que se va deslizando gradualmente hacia el Mal al sucumbir a la tentación de Poder bajo el influjo del maligno Emperador. Dicho de otra forma, George Lucas carece del valor para establecer realmente el paralelismo entre República-Imperio y Anakin-Darth Vader». Pero por lo que a mí respecta, la transformación sí está bien conseguida. De hecho, sentí un agobio tremendo y un dolor intensos justo en el momento en que Anakin se unía para siempre al negro traje por el que sería conocido y temido. Y, desde luego, en su proceso de conversión al mal no me parece algo secundario que el héroe del bien asesinara de un tajo de su espada la cabeza y cuerpo de decenas de niños aprendices de jedi.

De hecho, desde el estreno del Episodio III, Occidente se ha convertido en una cárcel aún mayor que antes donde la palabra democracia es una mera quimera. Y si alguien me dijera que los misteriosos empresarios que dan sus órdenes desde despachos invisibles para imponer su idea del mundo tienen un rostro similar al de Darth Vader o el Emperador Palpatine, o -tanto da- que ambos dos existen y están a sus órdenes actualmente, podría llegar a creérmelo. Pues desde la conversión de Anakin en Darth Vader no hemos hecho más que adentrarnos en la oscuridad. Resistir como nos ha sido posible frente a un imperio del mal que ha perdido toda la vergüenza y decoro para imponerse. Siendo inevitable además no establecer comparaciones entre la huida de Yoda y los escasos jedis que sobreviven a la matanza ordenada por las tropas imperiales con los cientos de jóvenes españoles, griegos, portugueses, italianos que han debido marcharse a otros lugares buscando una vida mejor. O al menos no ser arrollados por un Imperio globalizado y neoliberal que en cada lugar del mundo utiliza sus armas al límite. En México, asesina estudiantes. En USA, los endeuda. Y en España, les prohíbe manifestarse y les sube las tasas.
Dicho esto, se comprenderán mejor las expectativas (en mi caso mucho más políticas que cinematográficas) provocadas por el Episodio VII. ¿Puede ser casual que Star Wars esté de vuelta de nuevo? En absoluto. La crisis económica continúa y me parece bastante lógico (¡Ya se sabe que los esclavos no han de desfallecer. Han de seguir creyendo y consumiendo!) que para diciembre del año 2015 tengamos con nosotros esta nueva entrega. Ya lo dice el subtítulo de la nueva entrega, todo final es un nuevo comienzo. Con lo que, de alguna forma, pareciera que se nos está preparando para el ocaso definitivo y soportar la decadencia y los sufrimientos que aún nos quedan hasta el 2019-2020 -fechas en las que la nueva trilogía debería haber terminado- o un poco más allá ante las expectativas de ese nuevo principio y recuperación que se me antoja que no llegará hasta que los nuevo episodios hayan concluido.
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