20,000 days on earth: sangre en la pantalla
20,000 days on earth no es un documental sino un acto de vampirismo. Un mordisco a la pantalla a través del que un artista, Nick Cave, juega con su...
Nadie realiza remixes y sesiones como las de Andrew. Creo en parte porque actúa como un terrorista o un anarquista político. Tiene claro que su función es desordenar la mente de los oyentes. Llenar de bombas explosivas los estudios de grabación. Y posee un espíritu punk y psicodélico. Es un bluesman de la era rave. El Jimi Hendrix del mundo electrónico. Un caótico hippie obsesionado con los Sex Pistols pinchando en un club de house lleno de afiches smiley y de posters de músicos negros donde la mayoría de gente va pasada de ácido.
Sus discos por otra parte, son parecidos a viajes de LSD cuyos efectos se han intentado rebajar con Ketamina. Droga dura. Una mezcla de cocaína, guitarras eléctricas parecidas a metralletas, fondos violentos, bajos sensuales y agónicos, dub industrial, ritmos rocosos y afilados, letanías vocales y una sensación muy acusada de ocaso nihilista y cultural. De lujo y bestialidad. Ideales para gente que en vez de escapar o introducirse en la burbuja narcisista, busca crecer y vivir experiencias drogándose mientras mueve los pies según lo dictan ritmos incendiarios y salvajes. O al menos tiene la ilusión de recuperar aquellos momentos en los que el rock estaba cambiando el mundo a base de clavar constantemente puñales experimentales a la realidad. Gemidos de dolor creativo.
Pero no obstante, no me interesa destacar hoy su glorioso pasado sino su intenso presente. Porque, a pesar de los años, sus proyectos siguen tocándome. Rozándome. Sigue siendo el único músico del que aguanto escuchar sesiones de varias horas y que me hace fantasear con cómo sería el mundo si la mayoría de personas bailaran a su ritmo y sus vídeos de yotube fueran los más vistos. Creo que porque Andrew es en el fondo un aventurero. Un artista que logra hacerme entender sin necesidad de proferir una sola palabra la importancia cultural del rock. Que ciertos discos pueden llevarte más lejos y ser más profundos que muchos libros sin necesidad de ser literarios. Y que no merece la pena perder el tiempo escuchando cualquier canción que no sea un viaje. Shalam
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