Better Call Saul (1)
Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión a la serie de televisión Better Call Saul. El cual recomiendo leer escuchando una...
Respecto al género, más allá de los muy logrados cruces entre imágenes reales y ficticias, El Patrón del mal desde luego no es innovadora. Ni lo pretende ni tampoco es necesario que lo sea. La planificación de las escenas es sencilla y efectiva y el argumento ha sido en muchas otras ocasiones llevado a la pantalla: la ascensión y caída de un gangster.
De hecho, como se ha recalcado en decenas de ocasiones, el gran error del famoso narcotraficante fue intentar introducirse en la política porque allí se encontró con el poder en estado puro. Y personalidades por lo general tan o más retorcidas que él, quienes temerosos de que su temperamento pudiera enardecer a las masas, no dudaron en utilizar cualquier ardid para frenar su presumible asalto a la presidencia, desenmascarándolo como narcotraficante ante la sociedad en su conjunto. Un fracaso que, unido al empeño de los distintos mandatarios en extraditarlo a él y a sus socios hacia EUA, fue probablemente el principal desencadenante del surgimiento del monstruo (ya en ciernes) en que se acabó convirtiendo. Porque hasta ese momento, Pablo, sí, había demostrado ser un peligroso villano pero como se ha encargado de reiterar su lugarteniente, John Jairo Velásquez «el Popeye», no preocupaba en exceso a la sociedad colombiana de los 70 o los 80.
En cualquier caso, si se trata de referir las razones por las que El patrón del mal es de obligado visionado, es imposible no citar la extraordinaria interpretación que realiza Andrés Parra de Pablo Escobar Gaviria. Realmente, una de las más grandes simbiosis de un actor con un personaje que jamás he contemplado. Tanto es así, que de haber sido la serie producida por EUA, estoy seguro de que este actor estaría ya consagrado en el Olimpo junto a los más grandes: Marlon Brando, James Gandolfini o Bryan Craston. Porque Andrés es literalmente Pablo Escobar. No es que consiga hacer creíble al personaje sino que se convierte en él. Es el mismísimo Pablo Escobar resucitado quien respira a través de Parra, volviendo a revivir los años en que ejerció con mano de hierro su dominio sobre el país, poniendo en jaque al gobierno hasta convertirse no ya en uno de los hombres más ricos del mundo -llegados a un límite, esto ya era lo de menos- sino de los más temidos.
No recuerdo dónde leí que uno de los problemas de El patrón del mal consistía en que no explicaba las causas de la violencia colombiana. Pero ¿es necesario hacerlo? ¿No se pueden contemplar con absoluta claridad entre líneas? Pongámonos por un momento en la piel de uno de los sicarios de segunda fila de Escobar. ¿Qué posibilidades le ofrecía una sociedad donde la justicia siempre juega en beneficio de los poderosos y apabulla a los débiles, se humilla a los trabajadores honrados y la corrupción se encuentra extendida por todos los ámbitos? ¿Quién no pensaría o tendría ganas en circunstancias de absoluta exclusión social de golpear a los poderosos con el mismo rigor que lo hacen ellos y de paso conseguirse un dinero?
0 comentarios