Fantasmas aztecas
Poco, muy poco tengo que decir hoy salvo que el plan previsto para finalizar El jardinero está funcionando. Para ello, teniendo en cuenta que en...
Ojalá no hubiera violencia en el mundo pero sí existe y negarlo, no nos ayudará. En realidad, El jardinero es una nueva lectura de la lucha entre Caín y Abel, River y Boca, la burguesía y el proletariado, los ángeles y los demonios. Es exactamente una visión de ese Apocalipsis que con tanta lucidez describió Lautreamont en sus nocturnos cantos. Por eso no es sólo un libro para intelectuales. No es un libro racional. Es una novela que se siente y se mastica en la que el mal no es una presencia abstracta sino concreta y se encuentra dentro de nosotros mismos. Y consecuentemente, sus personajes huelen, se agarran los cojones con las manos y se escupen al rostro. Porque el odio metáfisico tiene su correspondencia lógica en el odio físico. Y que se sepa, Caín no mató a Abel con sus pensamientos sino -según las distintas versiones- con una quijada de burro, un cuchillo, un garrote o estrangulándolo. Y como hemos podido comprobar estos días, a los hinchas de River y Boca no les basta con los más cruentos insultos para sentirse a gusto. Necesitan sentir sangre entre sus manos. Necesitan destrozar al contrario aunque, paradójicamente, sin River, Boca no sería Boca y sin Boca, River no sería River. Como el jardinero y el conde no son nada el uno sin el otro dentro de mi novela. Shalam
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