Los muertos
Soy de los que piensan que ciertos testimonios no se guardan ni registran tanto para que los disfruten los vivos como para que lo hagan quienes...
Lo cierto es que, pocos días después de este viaje, volví a tener problemas con el jardinero. Debido al fallecimiento de mi madre y a que mi tía deseaba vender su casa y garaje de La Manga, tuve que ocuparme de las propiedades que ambas tenían delegadas en él. Y no tardé demasiado en descubrir que estaba alquilando la plaza de mi tía al doble de la cantidad de dinero acordado. Más allá de esto, cuando le comuniqué que tenía un comprador para ese espacio, se puso a gritarme exclamando que no se debía vender hasta que llegara septiembre para no perder su negocio. Algo parecido a lo que ocurrió con la cochera de mi madre. Durante años, estuvo engañándola, aprovechándose de que era una persona mayor, no vivía allí y que lo menos que deseaba eran problemas. Y cuando lo descubrí, se negó a darme el teléfono de las personas que introducían sus coches en el estacionamiento y a gritar furioso mientras profería todo tipo de insultos como si yo fuera el delincuente y no él. Afortunadamente, actué con inteligencia. No fue fácil porque incluso tuve que hacer el amago de llamar a la Guardia Cívil pero todas esas propiedades o bien han quedado vendidas (siempre tras batallar con él) o soy yo al fin el que las controla entendiéndome directamente con los inquilinos.
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