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El lobo

Ago 31, 2023 | 2 Comentarios

No me extraña que La hora del lobo sea uno de los filmes favoritos de David Lynch. Las escenas desarrolladas en el castillo de los barones Von Merkens se encuentran a mitad de camino del expresionismo y de los filmes de terror de la Hammer. Podrían formar parte de una versión esquizoide de El hombre elefante. Y, asimismo, podríamos imaginarnos a muchos de los espectrales habitantes del castillo apareciendo en uno de los sueños de una de las protagonistas de Mulholland Drive. Tal vez la diferencia sea que las oscuras imágenes del filme de Bergman son espejo del inconsciente del extraviado pintor que lo protagoniza y en David Lynch (al menos en Twin Peaks) son reflejo del incosciente cósmico.

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En cualquier caso, el arte es un flujo de constantes sincronías e influencias. Y en La hora del lobo se encuentra muy presente también la de Buñuel. Concretamente, la de Simón del desierto. Me refiero, claro, a las escenas en la que el pintor Johan Borg (Max Von Sidow) es seducido por su antigua amante Verónica Vogler (Ingrid Thulin). Algunas de las cuales recuerdan a los intentos realizados por el diablo (Silvia Pinal) de subyugar a Simeón el Estilista (Claudio Brook).

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Asimismo, por supuesto, es posible rastrear la influencia de las narraciones de Franz Kakfa en esta película que, a pesar de la aparente sencillez de su argumento, es una de las más complejas rodadas por Bergman. Es un delirio expresionista en el que por momentos, parece que nos encontramos en un sombrío paraje rodeado de muertos, en otros en medio de un cuadro de James Ensor y en casi todos, en un negro, muy negro filme existencialista.

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Hay quienes piensan que La hora del lobo es una continuación sui generis de Persona. No seré yo quien me oponga a esta idea porque entiendo que el cine de Bergman es circular. Hay conexiones entre todos sus filmes. De hecho, es una opinión común (con la que estoy de acuerdo) considerar La hora del lobo como el comienzo de una trilogía de filmes (los restantes serían Vergüenza y Pasión) sobre las relaciones amorosas protagonizados por Liv Ullmann y Max Von Sydow, situados en la isla de Fårö.

Lo cierto es que, sin dejar de estar de acuerdo con las opiniones anteriores, (¿Cómo no estarlo?) yo al menos vislumbro La hora del lobo como un antecedente fílmico de Persona. A mí al menos me gusta visualizar ambas obras de este modo: en La hora del lobo somos testigos de los trágicos hechos que terminarían provocando la mudez de la Elisabet Vogler de Persona Si alguien se preguntaba qué llevaba a Elisabet a la solitaria cabaña junto a su cuidadora puede encontrar parte de las razones en La hora del lobo. Aunque bien es cierto que esta afirmación no deja de ser una juguetona hipótesis porque todos sabemos que Vogler es una conocida actriz de teatro y, en ese sentido, poco (en apariencia) tiene que ver con Alma, la protagonista de La hora del lobo

En cualquier caso, lo que me parece fascinante son todas las grietas, aberturas y concavides entre varios de sus filmes que hay en el cine de Bergman. Una enorme sinalefa onírica que retrató la soledad de los individuos como ninguna hasta entonces.    

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Hay una escena muy importante en La hora del lobo.  Demoledora. Aquella en la que Johan Vorg le inquiere a su esposa si ha tomado conciencia en alguna ocasión de lo que dura realmente un minuto. En otro cineasta, esta frase hubiera podido quedarse en mera boutade. No así en Bergman que nos hace experimentar cada segundo de ese minuto que se hace eterno. Angustioso. El minuto, de hecho, parece resonar en la conciencia como si se tratara de un siglo.

Creo que incluso los espectadores que no terminan de conectar con la película sienten la gravedad ese minuto. Nadie que haya visto la películo lo habrá olvidado porque ese minuto, como la partida de ajedrez en el Septimo Sello, representa toda una vida.

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Tal vez lo peor de La hora del lobo sea su deuda con su época. Por ejemplo, las referencias al rodaje de la propia película (se vivían por entonces los años de apogeo de la nouvelle vague) en los títulos de crédito iniciales. Algo que, a mí al menos, me provoca distanciamiento con la historia que se va a contar. Pero en cualquier caso, como Bergman es un maestro, es capaz de sobrepasar esas pequeñas referencias que yo al menos considero que no son necesarias.

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Hay continuas transfusiones entre la vida de Bergman y esta película que dan lugar a escenas escalofriantes. Potentes. Cuando rodó La hora del lobo, el director sueco había dejado a Bibbi Anderson por Liv Ullmann. Tampoco estaba ya lógicamente con Ingrig Thulin. Pero es inevitable no sentir el rastro de ambas mujeres cuando el torturado pintor del filme le recuerda inmisericordemente a Alma (el personaje interpretado por Ullmann) lo mucho que aún añora y desea a su antigua amante. Una cruenta confesión que tiene su extensión en su relato del asesinato de un niño y el egoísmo abstruso en el que se sumerge incapaz de vencer y confrontar sus fantasmas.

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En realidad, el argumento de La hora del lobo es muy sencillo: un pintor desaparece tras sufrir una intensa crisis personal. Lo complejo es cómo Bergman nos relata su confrontación con los demonios. Esa pesadilla de la que somos testigos que sirve tanto para hablar de las relaciones de pareja, la idiosincracia de los artistas y los transtornos psiquicos.

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No sé si análisis como el mío le hacen bien a La hora del lobo. Tengo la impresión de que para profundizar en el filme sería muy conveniente, en primer lugar, realizar un breve artículo de tono periodístico sobre las circunstancias vitales de Bergman cuando comenzó a rodarla. Creo que es tan interesante saber cuál era su relación con Liv Ullmann como con sus antiguas musas. También los motivos por los que había decidido comenzar a vivir en la isla de Fårö a principios de los años 60: sus remordimientos vitales, sus crisis personales, sus ataques de ira así como ciertas pesadillas que lo asaltaban. Repito, sería interesante leer primero un texto de tono informativo para luego, adentrarse en lo más profundo de este filme parecido a una enorme y oscura gruta maligna. Una experiencia. Shalam

تشعر القدم بالقدم عندما تشعر بالأرض

El pie siente el pie cuando siente el suelo

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….silueta (Étienne de Silhouette,1709-1767)..un politico tacaño…..
    2imagen….quien ande en vertical es un dibujo animado….
    3imagen….muy extraordinaria esta «hombre ventana» mas seis rectangulos en lo que lo importante son los lados…..
    4imagen…..deja atras-delante a ensor…..
    5imagen…..el hombre que lo ve todo dulce (el vino de la copa es oporto)…..surrealismo…su-rre-a-lissssss-mó….
    6imagen…..con deseo o sin el….con consentimiento o sin el,jajajj …el angulo de las dos paredes…..
    PD….la han subido a youtube un tal «paquico bose» es la que me falta por ver…..y lo hare, jajajjj
    PD2….https://www.youtube.com/watch?v=TyFAnA9oPRE….saxo-coros de bowie….the man sold the world…..

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  2. Alejandro Hermosilla

    1) Veo a Silhouette. Sí hay conexiones. Sí. Pocas fotografías transmiten mejor lo que es la soledad y lo que se siente cuando llega la hora del lobo. 2) Foto kafkiana. El hombre sometido a la ley. Insecto. 3) Vampiros de la Hammer a punto de morder a Van Helsing al pasearse por el castillo 4) Puro surrealismo lynchiano. Onirismo. ¿Qué hay tras una máscara? 5) Máscaras de Ensor penetrando en el territorio de «La edad de Oro». 6) Te amo y por eso podría matarte. Posesión. Zulawski. PD: Buenísima película. Muy rara. Cada vez que la vez parece una película diferente. PD2: me ha sorprendido muy gratamente la versión. Muy bien interpretada. Ese saxo….

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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