El hombre que nunca deja de escribir: Marc Édouard Nabe
Dejo a continuación un artículo sobre el escritor francés Marc Édouard Nabe, previamente publicado en el nº 30 de la revista El coloquio de los...
A un suicida hay alguien que no le explicó algo que necesitaba saber. Vive desconociendo un asunto trascendente que le parece sumamente importante y se siente debilitado por ello. Mira a su alrededor y no encuentra la lección que necesita comprender para sobrevivir. Siente que le han substraído algo. Puede ser el suelo o el cielo. Una fase o etapa esencial en su crecimiento. Todas las personas a su alrededor conocen aquello de lo que él carece y eso le tortura. Los demás tienen un secreto, un misterio que él no alcanza a entender. Se arroja sobre ellos para conocerlo al fin pero con rapidez, lo esquivan. Algo sumamente tortuoso porque un suicida no puede acostumbrarse a luchar. La selva le es ajena. Pues, en gran medida, todo suicida es un utópico. Quisiera que el mundo fuera lo que no es, lo que él imagina que pudiera ser y que tras cada trauma, brotara una esperanza o una nueva ilusión.
En realidad, un suicida nunca se apoya en los demás. Se recuesta en ellos. No confía en sí mismo y por eso, cuando le vida golpea, cae. Porque por lo general puso esperanza en los seres humanos que eran meras ilusiones. Para un suicida, la existencia es destrucción. Razón por la que suelen encontrarse muy serenos en medio de una catástrofe y, por lo general, se puede confiar en ellos.
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