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El fantasista

Feb 10, 2023 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión al recientemente fallecido Burt Bacharach. El cual recomiendo leer escuchando una de sus más clásicas y famosas composiciones: «Walk on by».

El fantasista

Seré sincero. Llevaba deseando escribir un avería sobre Burt Bucharach desde hace mucho tiempo, pero su música es tan celestial que no he osado hacerlo hasta su fallecimiento. En realidad, si no había escrito algo antes sobre este fabuloso músico era porque sólo se me ocurrían tópicos y más tópicos para describir sus impresionantes composiciones. De hecho, era un artista tan perfecto que lo más lógico es repetir una y otra vez consignas aprendidas al hablar de él. Obviamente, todos los que amábamos sus prodigiosas canciones y orquestaciones sabíamos que su figura era la pura encarnación del pop y que no había nadie que hubiera logrado conducir a este estilo a tal alto nivel de sensibilidad y sutileza sin caer en el ridículo.

Todo los elogiosos adjetivos dedicados a Bacharach me parecen pocos. Tanto es así que es muy fácil caer en el kitsch al hablar de él. Repetir todo eso de que su música es un bombón, una copa de champán, un vino caro. Lo difícil es no caer en el lugar común y repetir el adjetivo elegante una y otra vez al referirse a su figura y, por supuesto, a su música. La verdad es que es tan perfecta que es difícil no sentirse en el cielo al escucharla. En un cielo muy claro y resplandeciente. En medio de uno de esos días en los que Dios se encuentra de buen humor.

De todas formas, si se profundiza un poco en sus composiciones, no tardará uno en advertir un aspecto curioso de ellas: que si bien, por lo general, son primaverales y alegres, poseen, a su vez, un aspecto otoñal. En verdad, creo que son tan, tan bellas que inevitablemente acaban provocando tristeza en sus oyentes. Su estructura es preciosa. Está llena de altos y bajos que terminan conmoviendo porque igual que subimos a las alturas, descendemos a la tierra.

Otra de las funciones más importantes de la música de Bacharach era servir de abrigo. En todo momento nos sentíamos abrigados por sus infalibles orquestaciones. Sus composiciones eran pop porque nos endulzaban el día. Porque nos acompañaban en cualquier momento del día, enriqueciéndolo. Haciéndolo más hermoso. Las voces femeninas que tuvieron la suerte de trabajar con él se sintieron privilegiadas. Sus voces sonaban parecidas a las de los ruiseñores en medio de esas ensoñadoras y afiladas orquestaciones. Al escuchar un tema de Bacharach, yo al menos tenía idéntica sensación a la que relataba Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes al encontrarse en los almacenes Tiffany: que nada malo me podía ocurrir. Que ese día estaba salvado. Algo lógico porque el pop, al crecer de la mano de la sociedad de consumo, tiene como objetivo producir tanto confort auditivo como bienestar emocional.

En realidad, sólo he escuchado a lo largo de mi vida algunas producciones que se puedan acercar a las del músico norteamericano. Las de Phil Spector. Aunque creo que a Spector le interesaban más la profundidad y los ecos de la grabación y que Bacharach se centraba mucho más en los agudos. En las partes sentimentales de la canción. En los tirones emocionales. Era tan perfecto como Spector pero estaba menos preocupado por su ego o su lugar en la historia y más en robarle el corazón a los oyentes. Aunque era una fábrica de números 1, no vivía obsesionado con los charts sino con enamorar, dejar prendidos de su aroma, a cada una de las personas que escuchara cada uno de los temas que escribía. Esos temas -sí, tiraré yo también de tópicos- con sabor a colonia cara y a traje de boda. A coche de lujo y tarde de sofá cama.

Bacharach era un fantasista del mundo del pop. Un extremo con una técnica increíble. Era Romario y Roberto Baggio en una sola alma. Messi en uno de sus días estelares. Era más brasileño que los músicos de bossa nova. Cuando se ponía sensible y exquisito, lo era más que los músicos de pop francés. Y cuando se ponía sentimental y melodramático, alcanzaba cotas que sólo los más grandes músicos italianos e hispanos rozaban. Burt Bucharach era un músico muy cálido. Era imaginativo. Burt Bucharach era el Beatle de la música orquestal. El Roger Federer del pop cinematográfico de los 60 y 70. Y por eso condujo, sin aparente esfuerzo, con absoluta naturalidad, el easy listening y la música de salón a otra dimensión.

Si me hubieran dicho que no existía, me lo podía haber creído. En realidad, su música estaba hecha (venga, otro tópico más) para llevar traje. Para ser escuchada en domingo. En las mañanas para ser más exacto. Estaba hecha para las clases altas de la sociedad occidental pero era tan pura y hermosa que cualquier persona que la escuchaba, podía hacerla suya. Precisamente creo que eso es a lo que el músico norteamericano se refería con una de sus célebres frases. Burt decía que componía melodías que pudieran ser silbadas. Ahí radica gran parte del encanto de su genio: en la capacidad de ser distinguido y sencillo al mismo tiempo. Tan glamouroso como agradable. Tan celestial como terrenal. Shalam

جيني يضرب هدفًا لايمكن لأي شخص آخر رؤيته

El genio golpea un objetivo que nadie más puede ver

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….un galan…..
    2imagen….efecto dos cabalgan juntos (se intuye una razonable sensacion a robert redford)….
    3imagen….peinaico a lo scott walker (otro galan pero este experimental eclesiastico no bossa nova)….sonrisa…
    4imagen…..el amigo burt bucharach es un esplendido tutti frutti….jajaj…..
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=IORqVTeCLFI….pelicula de 1969———(esplendido tutti frutti)….jajajj…..

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  2. Alejandro Hermosilla

    1) Un viejo cowboy del Oeste preparándose para componer la canción de «Dos hombres y un destino». 2) Richard Clayderman interpreta Beethoven para todos los públicos. 3) Puro Scott Walker, sí. Una foto por cierto que los de Oasis admirarían. Los hermnso Gallagher uisieran ser él. 4) Ahora Richard Clayderman toca los clásicos de Hollywood de toda la vida. PD: Bufff.. ¿Qué se puede decir sobre esto? Simplemente nada. Todo lo que se diga sobre esto se queda corto. En fin….. para quedarse a vivir eternamente allí.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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