Scarface (1)
Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión a Scarface que, por su extensión, dividiré en dos partes. Hoy publico la primera y, si...
En fin, a día de hoy puedo afirmar con rotundidad que no estaba yo equivocado. Y no tanto por la deriva tomada por Malick en su cine posterior, sino porque hace unas semanas pude al fin contemplar El árbol de la vida con un montaje y metraje mucho más acordes con la forma y duración que el director texano había concebido inicialmente y no creo que sea exagerado afirmar que es una película bastante diferente. Casi me atrevería a decir que es otra porque, a pesar de su extraordinario carácter poético, se comprende perfectamente.
Sí. Es cierto que ni siquiera en esta versión Sean Penn tiene los minutos que merecería pero desde luego, sus caminatas por la ciudad y las playas cobran un sentido y relevancia mayores. Totales y absolutos. Tanto que su mirada se ha quedado pegada a mí por su veraz forma de reflejar tanto el dolor como la búsqueda de cierta coherencia en el caos cotidiano. Y no tengo tampoco ninguna duda de que el personaje maravillosamente interpretado por Jessica Chastain cobra mucha mayor relevancia. Hasta el punto de enamorar por su fragilidad y la veraz forma en la que retrata la felicidad, dudas y miedos de la maternidad y la crianza. Por no hablar de un Brad Pitt que -robándole una expresión a Carlos Boyero- incluso actuando de espaldas resulta creíble.
La historia que narra El árbol de la vida es muy sencilla. Describe la infancia de una familia y sus tres hijos, la muerte de uno de ellos, y la posterior deriva existencial sufrida por sus integrantes tras dejar la casa natal. Poco a poco, Malick profundiza y reconstruye entrañables momentos de la niñez del trío de hermanos pero también los duros momentos vividos debido al rigor bíblico de su padre y el carácter conflictivo de uno de ellos. Explora la edad de la inocencia, el leve y progresivo surgimiento del mal durante los primeros años de vida y ese inexplicable dolor debido al fallecimiento de un joven, que obliga a preguntar al universo por el sentido de la existencia y el amor. Hasta convertir su película en una obra mayor de profundas resonancias espirituales. Porque los hechos anteriormente citados vienen aderezados con excursiones por el aislamiento moderno, la competitividad capitalista y la lucha por la supervivencia en medio de ciudades modernas en las que los edificios, las grandes empresas inmobiliarias y los inversores en bolsa hacen rememorar el Bing-Bang, el árbol del bien y del mal o la caída del Edén. La eternidad.
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