Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
Contenido relacionado
Videoaverías
Averías populares
Sin embargo, cuando escucho la mayoría de las composiciones de Elliot Carter (hay excepciones como, por ejemplo, su Sinfónía n°1) no me ocurre esto. Tal vez porque Carter es un compendio, la síntesis exacta entre ese clasicismo naturalista y el experimentalismo. Aunque me inclino a pensar que se debe a otros motivos. En concreto, a la inclusión de cierta melancolía incluso en sus composiciones más radicales que las dota de un romanticismo intimista prácticamente inédito en sus contemporáneos y me hace acordarme de un escritor como Ford Madox Ford.
Realmente, cuando escucho a Carter tengo la impresión de encontrarme ascendiendo por una escalera de caracol o estar dentro de una de esas impresionantes iglesias y catedrales anglicanas situada en medio de Nueva York. Siento estar sobre un faro atacado por las tormentas y los vendavales en el que hay varios niños riendo y gritando indistintamente; en una mansión victoriana situada en medio de un paisaje nevado; o saliendo de uno de esos ansiosos, terroríficos cuentos de Edgar Allan Poe para penetrar en los alambicados y perversos de Thomas Ligotti. Porque Carter es un clásico, un modernista que se niega a caer en los abismos de la experimentación pero aún así es asido por sus garras. Es un racionalista que siempre lleva el hilo de Ariadna consigo pero se pierde una y otra vez en su viaje y si a veces lo hace con preocupación, otras parece divertirse. Complacerse surcando una época donde no se otea tanto un Apocalipsis sino una saturación. Una constante acumulación de conocimientos y cultura que, en ningún caso, está consiguiendo hacer más felices a los seres humanos sino que más bien, está contribuyendo a abrumarnos. A desorientarnos. Shalam
0 comentarios