Una odisea hippy
Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión a Space Oddity; el álbum de David Bowie. El cual recomiendo leer escuchando uno de sus...
Carlos Berlanga era hijo de un genio, Luis Berlanga, pero consiguió labrarse un camino por sí mismo. Aún hoy cuesta emparentarlo con el director de El verdugo porque era muy cuidadoso con la imagen que daba de sí mismo. Era una persona muy púdica que sabía rodearse de misterio y que parecía haber nacido de un frigorífico pop. Haber venido a este mundo de un parto impuro entre un cómic de Los 4 Fantásticos y una canción de Los Ramones.
Creo que Carlos Berlanga hubiera sido un secundario de lujo de haber sido actor. Puedo imaginarlo perfectamente apareciendo espectralmente en películas de Dario Argento y no entiendo por qué nunca intervino en un film de Iván Zulueta. Aunque las razones son evidentes: porque su destino era convertirse en uno de los más importantes iconos del pop español. Sus composiciones, de hecho, marcaron una época y aún hoy suenan actuales. Básicamente, porque Carlos era más moderno que los «modernos», más futurista que los vanguardistas y más visionario que los malditos. Todo lo hacía con espontaneidad y frescura. Con suma naturalidad. Y sin darse importancia. En determinadas ocasiones, de hecho, me he preguntado cómo fue capaz de crear canciones tan simples y al mismo tiempo, efectivas y proféticas. Muchas parecen sintonías de anuncios televisivos. Todas poseen una ingenuidad desbordante y una mala uva punk que las hace encantadoras. Son contemporáneas, modernas y ligeras. Arte frívolo que, de tan superficial, termina por ser trascendente. Son lienzos pegadizos sobre los celos y la pasión amorosa. Y sin ellas, no puede entenderse la década de los 80 del pasado siglo en España
Obviamente, Carlos Berlanga no forjó su leyenda solo. Nacho Canut fue importantísimo para que pudiera desarrollarse como músico y compositor y Alaska, la personalidad e imagen tras la que pudo esconderse para ocupar ese segundo plano en el que -a pesar de sus manifiestos deseos de convertirse en estrella- parecía sentirse tan cómodo.
Lo cierto es que la carrera en solitario de Carlos Berlanga se encuentra llena de buenos momentos. Algunos deslumbrantes. Pero su tendencia a la evasión, su dispersión, su aversión a tocar en directo y sus problemas con las drogas, no le permitieron volver a retomar la senda del éxito masivo. Algo que, de todas formas, en cierto modo despreciaba. Porque llegado a un límite, se contentaba ya meramente con vivir en su mundo. Levantar la voz de vez en cuando para describir la frivolidad de las relaciones de pareja contemporáneas, como prácticamente no ha logrado nadie en el pop español, y pintar dibujos a través de los que su alma volaba y planeaba divertida.
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