Un chico malo de tu barrio: Michael Jackson (2).
Continúo aquí con el texto Michael Jackson: chico de barrio, cuya primera parte subí ayer al blog. Ocurría además, que el video de Bad se...
Todos los discos de Gaingsbourg parecen haber sido grabados de madrugada. Entre ingestiones de alcohol y raciones compulsivas de sexo. En medio de un casino o un club nocturno del que hace varias horas que se retiró el público. Y son una feroz imagen de la soledad. Una fotografía de los deseos incontrolables. Una masturbación sofisticada plagada de ritmos y melodías que definen y sobrepasan su época. Una descripción visceral de los peligros del amor. Un retrato de la dependencia emocional. De los bajos fondos y la locura cotidiana. Una instantánea en blanco y negro tan evanescente como potente de la masculinidad. El psicoanálisis de un don Juan galo. Alguien tan o más golfo que nuestro Joaquín Sabina, tan cerca del ocaso como Leonard Cohen y tan transgresor como una monja excitada en medio de misa.
Gaingsbourg fue tan conocido por sus escándalos como por sus incontestables hits. Tanto por su sordidez y la visceralidad de sus interpretaciones como por haber transformado muchos años antes que Houellebecq el nihilismo en moda. En una filosofía válida tanto para vagabundos como para profesores de Universidad; tanto para jóvenes como para viejos sin esperanza.
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