Ese bonito cadáver
Últimamente, cada vez que escucho aquella frase -"Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver"- que James Dean popularizara o, más bien los...
Zorn es un símbolo. Una letra del alfabeto judío en movimiento. Casi un cabalista de la música. Alguien capaz de dotar de un impresionante contenido simbólico a todas sus obras, divertimentos y distracciones porque es consciente de que cada acto -y más si es creativo- tiene su lugar y sentido en el Universo. Resuena ampliamente en el Cosmos y contribuye a construir identidades.
Lo cierto es que Zorn no es un músico tan reconocido como debiera. Pienso que no sólo debido a su hiperactividad sino a su aspecto de nerd. De empollón. De hecho, no parece ni un jazzista ni un rockero sino el Bill Gates de la vanguardia musical. Tampoco probablemente juega a su favor el que no parezca un músico visceral sino un intelectual. Un ratón de biblioteca. El típico chivato de escuela. Ciertamente, hay algo académico en su manera de interpretar melodías y partituras. Zorn no es callejero. No es sucio. Forma parte de una élite. Y por eso convierte el bop en música de cámara y el rock en música religiosa digna de sonar en cualquier iglesia. Pero, a su vez, es un músico tan natural, suelto y habilidoso que ha convertido el negocio musical en su local de ensayo a medida que transformaba cada uno de sus conciertos en rituales. Sagrados actos que honran los poderes oscuros y telúricos del arte. Su vitalidad sangrienta, corrosiva, ancestral y enigmática.
Tanto es así que ha ido mucho más lejos que la mayoría de artistas que conozco. Es más, me resulta difícil citar otro músico actual con su versatilidad o su capacidad de derribar muros y emprender aventuras. Alguien tan ajeno al pop y por tanto, al aspecto comercial de la música, con un alma tan creativa y arriesgada. Tan nocturna y desgarrada y al mismo tiempo ordenada. Por lo que no se me ocurre compararlo más que con las grandes personalidades judías. Esas desbordantes mentes que cambiaron la historia y son tan difíciles de descifrar. Puesto que no hay duda de que Zorn es un estajanovista del arte. Casi un estoico. Pero, a su vez, de que está poseído por el demonio del riesgo y la locura de tal forma que existen pocas discografías tan excéntricas y esquizoides como la suya y al mismo tan místicas y religiosas. Probablemente porque en el fondo es un chamán o un médium. Un conducto, un vía para que la música y los espíritus se expresen cuya principal función y objetivo consiste en dejarlos hablar y que digan lo que tengan con decir con absoluta rotundidad a través de su arte. De cada una de las notas que interpreta. Y por eso, considero a su obra en su totalidad una desgarradora güija a través de la que los muertos se comunican con nosotros ya sea con furia o con calma. Ya sea con gemidos o berridos o con histriónicos lamentos y rugidos procedentes del saxofón y las guitarras. Shalam
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