Perro industrial
Llevo tanto tiempo escuchando "I wanna be your dog" que tengo la impresión de que finalmente Iggy Pop se ha convertido en un perro. Un can fiel al...
The Who fueron rápidamente identificados con el movimiento mod. Pero en realidad, ante todo, eran músicos e iban mucho más allá de las coordenadas de este movimiento, como demuestra la fluidez con la que experimentaron con la psicodelia y los efluvios hippies. La facilidad que tuvieron para aunar en sus composiciones el Liverpool sound, los experimentos y el pop art y de acercar el territorio de los singles irresistibles de tres o cuatro minutos al de Grateful Dead y Pink Floyd sin desbarrancar o salirse del ruedo donde se manejaban con soltura.
The Who eran adrenalíticos. Divertidos y circenses. Reconstituyentes. Pura energía y magnetismo. Unos Monty Phyton del rock que llenaban sus vídeos de gags cómicos y sus entrevistas de anécdotas. Eran la suma de cuatro personalidades extremas que desborbadan talento y carisma. El cruce perfecto entre la chulería punk y la majestuosidad del pop británico.
Y en cuanto a lo que se refiere a Peter Townshend y Roger Daltrey sobran las palabras. Daltrey es una de las grandes voces y rostros del rock. Un icono al que tan sólo le ha faltado tal vez un poco más de belleza y talante maquiavélico (o quién sabe si haber muerto joven) para alcanzar el status mítico de estrellas del cariz de Bon Scott o Mick Jagger. En sus grandes momentos -y todavía ahora- era un vendaval escénico. Llenaba el escenario con sus movimientos corporales bruscos y atléticos y su aspecto de dios celta redivivo mientras su garganta sobrevolaba terrenos angostados y escarpados y transmitía dulzura, amor y también fiereza. Bestialidad.
En realidad, la aventura artística acometida por The Who ha despertado tantas vocaciones como la emprendida por The Velvet Undeground o The Rolling Stones. Pero por algún motivo difuso, no alcanzaron la popularidad de estos últimos.
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