AVERÍA DE POLLOS: Inicio E Música E Bertha

Bertha

Dic 6, 2023 | 6 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a la biografía recientemente publicada por Bertha M. Yebra. Alguien que supongo que a estas alturas no necesita presentación. En cualquier caso, para los despistados indicar que fue junto al fotógrafo Martin J. Louis la fundadora de Popular 1. Una revista que siempre fue mucho más que una revista. De hecho, era (y es) lo más parecido que yo he visto a una banda de rock.

Por cierto que quien desee leer este avería escuchando un tema, le recomiendo que lo haga con este de Blondie que dejo a continuación: «Atomic».

                         

Bertha

No he podido evitar sonreírme con el comienzo de la biografía de Bertha M. Yebra. Hace varias semanas estuve revisitando las biografías de Goethe (Poesía y verdad) y Chateaubriand (Memorias de ultratumba). Las dos son monumentales, gigantescas. Ambos escritores dedican líneas y más líneas a trazar sus coordenadas genealógicas. Abundan en detalles nimios, pormenores, sabores, recuerdos y descripciones. Algo lógico porque ambos eran conscientes de que sus textos eran testamentos que no sólo los definían a elllos sino a toda una época. Y cuando los dos escribían no existía ni televisión ni radio ni internet. Así que podían y debían tomarse todo el tiempo que fuera necesario para explicarse.

Bertha sin embargo es hija de otro tiempo. Y, sobre todo, su alma es el de una rockera. Así que va directa al grano. No se adorna. Construye cada párrafo como si estuviera bailando en una hoguera. Le bastan pocas descripciones y a veces tan sólo dos o tres frases para definir un período de su vida (como actriz o bailarina de ballet por ejemplo) o hacer reconocibles a sus abuelos, padres y demás ascendientes más allá de la relación que tuviera con cada uno de ellos. La prosa de Bertha es chispeante y al mismo tiempo contundente. Nada sobra ni falta en sus párrafos como tampoco lo hacía en las canciones de Blondie. En realidad, su biografía es similar a un viaje por las maravillas del mundo del rock. Es el reflejo de una mujer que tuvo los inmensos ovarios de atreverse a cruzar el otro lado del espejo. Cualquiera diría que es una novela o un sueño pero lo mejor de todo es que es verdad. Pura verdad. Tanto es así que el libro más que ser el reflejo de la vida de una periodista o modelo, parece ser el de una rockstar. Alguien que, salvando las distancias, podría ser comparada en España con una Debbie Harry. Si se hubiera subido al escenario me la imagino así. Destrozando noches con canciones a mitad de camino del rock más visceral y las más ensoñadoras instrumentaciones. Dando a conocer un nuevo mundo a sus fans.

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Hay algo que creo que todos sentimos o experimentamos al contemplar una fotografía de Bertha o al leer su biografía: buenas vibraciones. Bertha es una amiga para el lector. Es cercana. Más que en sus confidentes convierte a sus lectores en sus colegas. Cuando uno termina el libro siente que conoce a la persona que lo ha escrito. Que podría tomarse un whisky con ella como lo hace con otras personas de su entorno. Una sensación probablemente irreal pero que es mérito de la cercanía con la que Bertha escribe. Tengo por ello la impresión de que incluso en los tiempos en los que comenzó a despuntar como modelo o actriz o cuando era objeto de admiración carnal por artistas de todo tipo, el público rockero en general y los lectores de la Popular 1, nunca se sintió superior al resto de mortales. Siempre primó en ella el lado humano. Un factor que creo que es clave para comprender por qué personalidades del cariz de Roger Daltrey, Keith Emerson, Fredie Mercury, Mike Kennedy, Pau Riba o Nico entre otras la consideraban uno de los suyos. Una mujer carismática que los entendía perfectamente, con quien podían sentirse libres y a salvo. Lejos de los habituales tejemanejes de la prensa del corazón o los críticos snobs.

De hecho, como explica muy bien César Martín en en el prólogo del libro, Bertha pasa por alto en su biografía la mayoría de experiencias negativas que sin dudas tuvo que experimentar (las cuales posiblemente hubieran sido la gasolina de los libros redactados por decenas de periodistas). Deja fuera de foco a los personajes nefastos que por fuerza tuvo que conocer y se centra en el goce, en la fiesta, el arte. En el privilegio que fue compartir momentos irrepetibles, salvajes y llenos de vida y misterio con los creadores que amaba. Tanto es así que, en el apartado negativo, casi que sólo menciona su infame vivencia con Chuck Berry. Una cruel experiencia que prefiero no comentar aquí y que, desde luego, entiendo que Bertha no podía dejar pasar por alto. Sobre todo, porque ahí se instaló en ella su miedo a acudir a conciertos. Un trauma para alquien que siempre había respirado vida a través de los recitales de sus artistas favoritos. Que había hecho de cada himno rockero una misa lunar.

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La diferencia entre Bertha y Martin J Louis con un sinfín de periodistas musicales de su entorno radicaba (entre otros aspectos) en que mientras estos últimos recibían los discos de Queen, Emerson Lake, Bad Company o David Bowie y se dedicaban a escribir de ellos desde sus habitaciones o redacciones, la pareja que dio luz a la Popular 1 tomaban whisky con los creadores de aquellas obras inmortales que por momentos parecían transformar el mundo. Bertha y y Martin daban color a las fiestas a las que eran invitados, aportaban un plus con su presencia, cierta rebeldía, cierta actitud. Así que lo normal era que entablasen amistad con los músicos que admiraban y, si se terciaba la ocasión, que se fueran de copas juntos o compartieran anécdotas y experiencias.

Eso es lo que tengo la impresión que diferenció desde el principio a Popular 1 del resto de revistas. Que sus directores estaban en medio de la fiesta que había después del concierto. Podían pasar perfectamente por músicos. Estaban tan locos como ellos. Tenían el mismo ansia de aventura. De comerse la vida. Y en muchos sentidos, poseían idéntico talento. Basta revisar las decenas de fotografías de Martin que aparecen en el libro o vislumbrar el tremendo magnetismo de Bertha. Una mujer que cada vez que aparecía en Popular 1 transformaba la revista en una fotonovela rockera. En un sábado noche. Una discoteca donde sonaban constantemente los clásicos de la new wave mezclados con unos cuantos riffs de guitarra de Led Zeppelin o Deep Purple. La puta locura. El morbo asegurado. ¡Aplauso!

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Son innumerables las anécdotas que cuenta Bertha en su libro. Tantas que no sabría bien con cuál quedarme. Pero por algún motivo se me ha quedado grabado en la memoria su encuentro con Phil Lynnot y Jim Capaldi en el primer Reading al que asistió. Bertha apenas sabía inglés y mientras Martin se dedicaba a hacer fotografías, se quedó sola con ambos músicos en el backstage durante horas en las que se comunicaban más por gestos, instinto o simbiosis que por palabras. No entiendo a alcanzar el porqué pero si yo fuera un director de cine y tuviera que rodar un biopic de Bertha volvería una y otra vez a este momento. Bertha rodeada de estrellas, mujeres sensuales y nombres claves del rock escoltada por Lynnot y Capaldi en el backstage del festival rockero más intenso de los 70. Retrataría esos silencios. Las risas cómplices. Las miradas. El sinsentido que rodeaba ese momento en medio de la explosión de un incendiario día de rock.

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Otro momento que por supuesto incluiría en el biopic sería el del embrujo definitivo de Bertha con el rock. La tarde en la que contempló un filme de Elvis,  King Creole, en el cine Gran vía de Barcelona.

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Hablando de cine, un momento mágico e inesperado de la vida de Bertha es, sí, su encuentro con Jiimi Hendrix en Ibiza. Parece mentira pero no lo es. Una mañana como otra cualquiera cruzaba una plaza y estuvo a punto de ser atropellada por un individuo que conducía un flamante coche americano: ni más ni menos que el mismísimo Hendrix. Alguna teoría matemática o kármica debería explicar este instante que atenta contra toda lógica pero que, de alguna manera, incide en que hay ciertas existencias cuyo destino pareciera encontrarse escrito antes de nacer.

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Es por supuesto estremecedor el texto en el que cuenta sus diversos encuentros con Nico. Únicamente por esas páginas ya merece leer esta biografía. Bertha nos presenta la Nico real. Una Nico colgada de la heroína incapaz de olvidar a Jim Morrison capturada en un mundo de sombras. Bertha nos habla de una mujer muy sensible, amable e incluso generosa (aunque acuciada por la escasez de dinero) sometida por sus propios demonios. Un heraldo negro que era incapaz de canalizar su sensibilidad y miedos. Creo que esos párrafos son el mejor acompañamiento a cualquiera de los discos en solitario de una mujer que no sólo simbolizó la decadencia y el ocaso artísticos sino que los encarnó. Los vivió hasta sus últimos estertores y confines. La voz de la muerte. Nico.

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Resulta difícil mencionar este libro y no citar los encuentros de Bertha con la mítica Pippi Langstrump (la actriz de Pippi Calzaslargas) en Suecia o con Lou Reed. Este último utilizó por cierto a Frank Andrada de coneJillo de indias para pasar droga por el aeropuerto. Tampoco puedo evitar mencionar la invitación que le hicieron de trasladar su base de operaciones a Oriente y dedicarse a imprimir el Corán en un palacio lleno de sirvientes árabes parecidos a los que aparecen en Las 1001 noches. Y, sí, en lo que se refiere a la relación de Bertha con Freddie Mercury basta citar que protagonizó junto al resto de miembros de Queen una divertida y alocada fotonovela para dejar claro el grado de complicidad que hubo entre todos ellos.

Repito por cierto para quien no le haya quedado claro: ¿A quién coño se le ocurriría hacer una fotonovela con Queen?

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Ahora que tan en boga están los documentales, no puedo evitar preguntarme por qué nadie ha realizado uno sobre Bertha. Si hay un espejo donde deberían mirarse muchas mujeres actuales que se pasan el día reinvidicando ciertos temas es en ella. Seguro que aprenderían más en treinta minutos de charla con esta señora que en todos esos talleres a los que acuden.

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Me duele por cierto terminar este avería haciendo alusión al escaso valor que los medios artísticos o musicales han dado en general a una mujer pionera y a una revista, Popular 1, que es lo más parecido a una guitarra sucia y peligrosa que hemos tenido en los kioscos españoles. Hace unas cuantas semanas, por ejemplo, leí un artículo de Diego Manrique en El país en el que citaba varias revistas de rock que habían superado las cinco décadas de vida. Lo hacía obviamente para contrarrestar una frase que, a partir del 50 cumpleaños de vida de la Popular 1, se utilizó para promocionar la efeméride: que es la única revista de rock junto a la Rolling Stone que ha superado esa edad.

Si cito este hecho no es tanto para criticar a Manrique sino para hacer entender qué es lo que nos ha enamorado a muchos de la Popu. En realidad, creo que tanto Manrique como los periodistas de su cuño se han dedicado desde siempre a desmitificar el rock. Esa ha sido una de sus principales misiones. Ser comisarios de la verdad. La policía del rock. Si encontraban algún fallo (por muy inocuo que fuera) en un disco de Bowie no dudaban en decirlo. Cuando percibían debilidades, mezquindades, errores en los músicos y su entorno siempre estaban ellos allí para resaltarlas.  De algún modo, si no intentaban siempre situarse por encima de los artistas (que también) y el público que los seguía, lo parecía. Sin embargo, lo que desde siempre hicieron Bertha y Martin J Louis fue resaltar las cualidades de los músicos que admiraban. Tal vez fueran conscientes o no, pero en cierto sentido, los rockeros eran tratados en su publicación como si fueran los mitos griegos de su época.

Resumiendo, la diferencia entre Popular 1 y muchas otras revistas era que la primera tenía muy bien aprendida la lección de Ford en su clásico Liberty Valance. Esto es; entre imprimir la verdad o el mito, la historia o la leyenda, siempre optaban por el mito y la leyenda. Así que si llovía en un concierto de Def Leppard mejor decir que diluviaba. Aunque realmente en muchas ocasiones no necesitaban utilizar demasiados superlativos ante la grandiosidad de lo experimentado. Una opción coherente con lo que todos deseábamos cuando acudíamos ansiosos a los kioscos a adquirir la revista, comprábamos un disco o accedíamos a un club a (más que contemplar un recital) participar en un ritual. Esto es; acceder a un mundo de fantasía y libertad que nos hiciese olvidar todas las miserias cotidianas: la política, Hacienda, la educación,etc…

Es eso precisamente lo que destacaría de la biografía de Bertha. Que uno la termina con una sonrisa en el rostro y con la satisfacción de haber podido conocer gran parte de los entresijos de la vida de una mujer que siempre primó la leyenda a la historia. La aventura y la locura a la triste realidad. Shalam

دع الشمس تشرق على وجهي، والنجوم تملأ أحلامي.

Deja que el sol golpee mi cara y las estrellas llenen mis sueños

6 Comentarios

  1. José Luis Martin Frias

    Una enorme glosa hacia Bertha. Un personaje irrepetibles. Lo sé de primera mano. Martin J. Louis (Martin Frias.

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    • Alejandro Hermosilla

      Creo que la persona de la que hablamos merecía por supuesto un avería así. Siempre disfruté mucho de sus apariciones en la revista. Y su libro me ha encantado. Lleno de anécdotas deliciosas, memorables. Gracias a ti por comentar aquí. Me siento agradecido por ello.

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  2. Bertha

    Gracias Alejandro, cuando Oswald mi cardiólogo me hace una eco y me muestra el acompasado latir de mi corazón, no siento que es mío . Al leer tu texto la sensación ha sido indescriptible. He sentido que no estoy sola. Has capturado mi corazón, alma, sentimientos. Gracias por compartir mi esencia y trocitos de vida. Siempre

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    • Alejandro Hermosilla

      Muchas gracias Bertha. Ha sido delicioso leer tu libro y seguir de lejos tantos momentos espectaculares de la Popular 1 que esta biografía ha logrado ordenar y dar sentido. ¡¡¡¡Un abrazo!!!!

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  3. andresrosiquemoreno

    1imagen….imperdible que coloco stefani bustin a bertha (yves saint laurent)……
    2imagen….a lo michelle phillips (the mamas &the papas)….
    3imagen….sofa domino, tengo juego a pitos, y tu roger?…….
    4imagen….cristaleras y escote de vertigo……
    5imagen….a lo mary wilson (the supremes)……
    6imagen….le digo un secreto al exotico cantante de queen…..jajaj
    7imagen….mas que nunca en plan b.b.(y dios creo a la mujer)……
    PD: https://www.youtube.com/watch?v=mRO9aBAQ8wc….kid creole and the coconuts……annie i´m not your daddy…..

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Momento cumbre de un filme Giallo. La heroína se da cuenta de quién es el asesino y va hacia él. 2) Janis Joplin. ¡Suena «Cry Baby». 3) Daltrey bajo el impacto de Tommy en otra dimensión. Ella ayudando a los músicos con delicadeza a conectar con la tierra. 4) Robert Plant intentando seducir a la cámara y convencerla de que su carrera en solitario puede ser más interesante que con Led Zeppelin. 5) Vamos a salir de fiesta y vamos a bailar «Video killed the radio star». 6) Vamos a hacer la mejor fotonovela de la historia. 7) De acuerdo. Bardot. El mito. PD: maravillosa interpretación. Me imagino que aquí alguna que otra persona clamaría por censurarla. Grandes Kid Creole.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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