No soy tu marioneta
Ayer abrí los Diarios de Kurt Cobain y me saltó un párrafo similar a un riff de guitarra eléctrico, descarnado, desnudo, casi infeccioso. Los...
No sé cómo reaccionarían hoy en día las hordas censoras ante una figura como la de Prince. Pero sí tengo muy claro que le costaría más de un disgusto comportarse como estaba acostumbrado a hacerlo. Gimiendo tal si estuviera a punto de llegar al éxtasis a cada momento, moviéndose por el escenario como si fuera una cama y el suelo una amante a la que realizar constantes cunninlingus y jadeando, emitiendo chillidos y pronunciando palabras obscenas en discos que son una celeste batidora pop. Una maravillosa invitación a penetrar en la tierra de Oz de la música negra como deja claro cualquiera de las tomas en directo, sabrosos descartes y temas centrales de 1999. Una orgía de música popular que mezclaba la rabia y la dulzura con la religión y la obscenidad con absoluto desparpajo. Demostrando lo cerca que a veces pueden llegar a encontrarse la creatividad, la rebeldía y la chulería del corazón de Dios. Shalam
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