Danza macabra
Uno de los aspectos más molestos de nuestra época radica, bajo mi punto de vista, en la dificultad que tenemos de concentrarnos en una obra de arte...

En realidad, Autobiografía es un disco fantasmagórico. Un disco inhóspito. Y resulta lógico que tras parirlo, Duncan Dhu se relajaran dando luz a uno más artificioso intrascendente y divertido –Supernova– y comenzaran a explorar sus voces en solitario. En su momento, fue bien acogido pero no superó las formidables ventas de sus predecesores. Y con el tiempo ha ido cayendo en el olvido. Se diría que todavía no ha sido comprendido ni valorado en su justa medida y está esperando una merecida revaloración. Algo que tal vez nunca se produzca y, desde luego, no importa porque este desprecio le concede un sesgo de disco maldito muy interesante. Lo sitúa tal vez en el lugar que le corresponde: el de las grandes piezas olvidadas de la historia del pop. Esas obras vacías y lluviosas sin rostro cuyos secretos y resortes permanecen escondidos para la gran mayoría. En la oscuridad del túnel. Shalam
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