El nuevo catecismo
Hace unos días terminé al fin Comunión; el mítico libro de Whitley Strieber. Y, aunque realmente no creo que tenga que aportar mucho sobre tan...
La casa de arenas movedizas es por ejemplo una de esas novelas cuyo argumento no merece la pena transcribir. Pues en esencia, es un singular paseo por la vertiente oscura del espejo. Un choque de manos entre Lewis Carrol y un Stephen King pasado de vueltas y ácido en medio de un capítulo de Tales from the crypt. Es, sí, un cofre maldito. Una caja negra de caudales sin fondo en la que nuestra mano desaparece al intentar buscar los secretos que contiene. Una anómala narración en la que monstruos y espíritus aparecen, desaparecen y se desenvuelven con tan radical naturalidad que, tras terminar de leerla, me ha resultado inevitable contemplar a mis convecinos con cierta extrañeza. Como si las sombras de los negros pasillos de esa abigarrada mansión donde dos niños intentan averiguar quiénes son sus padres y entender simplemente qué es lo que está ocurriendo a su alrededor y en el resto de sótanos y habitaciones que usualmente ocupan, se hubieran alargado hasta oscurecer mi conciencia sin remedio.
No puedo evitar pensar por otra parte que, de haber sido escrita por un autor europeo, La casa de arenas movedizas probablemente habría provocado reacciones críticas cargadas de indiferencia y bilis que habrían encasillado a Carlton para siempre en el territorio de las curiosidades sin importancia. Más que nada porque a veces creo que, de entre los movimientos vanguardístiscos literarios, sólo el surrealismo y, en menor medida, el absurdo han recibido el respeto de las diferentes facciones críticas del Viejo Continente. Que el resto de vibraciones literarias alejadas del realismo o el romanticismo tienden a ser considerados como tendencias. Corrientes juveniles de las que un autor serio ha de curarse antes o después para alcanzar el prestigio y las añoradas ventas y premios. Al contrario que en Norteamérica donde, debido a la intensa relación de sus habitantes con los paisajes góticos, la naturaleza crepuscular y los bosques y mansiones ocultas llenas de símbolos cifrados así como la amplia influencia de la obra de Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft o Washintong Irving en todas las artes, tanto el terror inmemorial como el excéntrico han hecho fortuna. Cobijando la mente y espíritu de autores como Carlton Mellick a quien entiendo que a nadie debería extrañar contemplarlo disertando sobre ovnis, Pesadilla en Elm Street o el Doctor Extraño en medio de una convención ocultista realizada en un nebuloso paraje de Portland, Kansas o Saturno. Shalam
0 comentarios