Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Obviamente, existe una tendencia a compararlos con los aspectos noctámbulos de la existencia. Y en este sentido, es comprensible que se piense que un agujero negro posee una función similar en la vía láctea a la de la luna en nuestro sistema solar. Pero me parece a mí que esta manera de interpretarlos, deja de lado muchas de sus fascinantes características. Ya que una gran parte de su atractivo radica en la posibilidad de considerarlos como parte, manifestación y testimonio de otra dimensión que influye aunque sea de un modo sigiloso y silencioso en nuestro mundo. Un enorme baúl cósmico en el que caben todo tipo de recuerdos, sueños y cosas perdidas, existentes o no.
Quiero dejar claro, en cualquier caso, que un agujero negro no es para mí un purgatorio. El purgatorio es un concepto religioso del cual estos fenómenos se encuentran muy alejados. Aunque ciertamente, sí que pienso que los agujeros negros son fenómenos flexibles y aleatorios donde se reflejan ineludiblemente nuestras creencias. Eso sí, de forma impensable e inaudita puesto que no se manifiestan allí sino en modo latente. Siendo por tanto, el lugar del espacio en que no sólo habitan nuestros olvidos y confusiones sino las vidas que nos hubiera gustado experimentar. Tanto nuestros deseos como nuestros anhelos insatisfechos, que viven en el interior del agujero negro su momento de gloria al igual que muchos de nuestros sueños. Precisamente, por no haberse materializado nunca.
Pienso ahora, por ejemplo, que meditar supone, en cierto sentido, penetrar en un agujero negro para comprobar qué nos dice. Por ello es tan importante a veces hacerlo con la mente en blanco y colgando del vacío. Porque sólo así nos unimos al misterio irracional, intuitivo, que nos une a otra dimensión. Permitimos que nos hable, haciéndonos comprender que somos meros pasajeros del tiempo. Y que nuestro viaje no se acaba con la muerte sino que continúa hasta el infinito. Pues la luz no es que sea el reverso de la sombra, su complemento, sino que en esencia, es otra de las médulas de su ser. Como la nada lo es del mundo tangible. Shalam
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