Supongo que mi deformación como escritor me obliga a imaginar sucesos, anécdotas, vivencias de los personajes que conozco, más aún si son artistas. Si tuviera que urdir la biografía de un pintor (un proyecto que me encantaría), tengo claro que sería una especie de narración fragmentada en la que iría inventando diversas anécdotas, vivencias y viajes falsos que, sin embargo, ayudarían a explicar mejor el sentido de sus obras; más aún, lo ampliarían.

Creo que la ficción ayuda en muchas ocasiones a comprender mejor lo que ocurre realmente en el mundo interno de las personas que la átona realidad. La realidad, de hecho, nos circunscribe, nos agota, nos encasilla. La imaginación nos libera, nos catapulta hacia otra dimensión y, muchas veces, nos concede un retrato más exacto de quien realmente deseamos ser (y también de quién somos).
Los datos biográficos reales importan, pero no menos que los imaginarios. La cueva de Montesinos, por ejemplo, se conoce más por Cervantes que por sí misma. Muchas veces el arte no se puede explicar ni entender si no invadimos las obras con nuestras proyecciones y fantasías. ¿O qué es el arte? ¿El mundo de la rigidez y la norma? ¡Venga ya!
Cualquier obra auténtica, real y transgresora niega absolutamente la realidad. Siempre la negará. O más bien, la ampliará tras transformarla. Incluso, sí, las de Velázquez, cuyo realismo -¿Velázquez era realista?- no es más una lente ampliada del mundo interior de toda una época.

Conozco, por ejemplo, a Mario Rubio, sí. He hablado en varias ocasiones con él y he tenido la suerte de visitar su casa y taller, pero desconozco completamente si, cuando era niño o adolescente, tuvo una caja de Magia Borrás. Aunque, teniendo en cuenta el aura de sus obras, podría perfectamente haber sido así. De hecho, me lo imagino abriendo de niño una caja de magia, desplegándola suntuosamente y realizando un truco en silencio para él mismo, sin necesidad de aplausos. Afirmo esto porque tengo la impresión de que en sus obras siempre hay un truco de mago, cierta ironía y un humor socarrón y negro que las dota de un magnetismo especial.

Todos los niños que tenían la caja de magia realizaban los mismos trucos, pero solo algunos le daban ese toque especial, singular y personal que convertía el acto mágico en algo irrepetible y propio. Eso es algo que ocurre también en las obras de Mario Rubio. Sus intervenciones en jardines, esos cuadros suyos tras los que se esconde un nuevo cuadro (que el comprador puede ver o mantener oculto para siempre) o sus máquinas sonoras (que a mí al menos me remiten tanto a las invenciones del profesor Bacterio como a las de Isidoro Valcárcel) tienen, lógicamente, sus referentes en el arte norteamericano posmoderno, el op art o el surrealismo, pero las referencias, en el fondo, no son más que eso: referencias. Son importantes para situar sus obras, pero no definitivas para disfrutarlas. Más que nada porque en las obras de Mario siempre hay pequeños detalles, cierta elegancia casi operística surgida prácticamente de un sombrero de chistera, que las dota de misterio y las engrandece por más pequeñas y sutiles que sean.
¿Qué fue antes? ¿El surrealismo o la magia?

Mario es un creador. No es un renovador ni un imitador. Pero no crea estilos. Se apoya en los estilos, en la realidad más dura y prosaica, para crear sus obras y difundir un mensaje silencioso, casi secreto, lleno de música, que las envuelve y convierte en pequeñas sinalefas musicales vivas. Cuadros microscópicos que interrogan a sus espectadores sin necesidad de formular preguntas de un modo parecido a como lo hacía Satie con su piano o, de otro modo menos obvio, Duchamp en algunas de sus piezas.
Mario alude a la esclavitud actual, al consumo, a la inanidad social sin grandes aspavientos. A veces, sí, utiliza imágenes crudas como una bolsa de suero hospitalario o una especie de alien con sus membranas abiertas. Pero lo hace con cierto distanciamiento irónico, casi con una sonrisa que no esconde, eso sí, el terror de la situación, el miedo que imanta la sociedad del lujo y el placer. La idea, por supuesto, no es tanto juzgar sino mirar, ver, comprobar.

Las obras de Mario son bellas pero no embellecen, hacen preguntas sin necesidad de ser metafísicas, son objetos de lujo que parecen necesarios. Hay elegancia en ellas porque hay ironía, risa soterrada. Más deseos de búsqueda que de sorprender. Sus piezas desmontan la seguridad cotidiana, reencantan lo ordinario sin necesidad de ser extravagantes. De hecho, cuando son excéntricas parecen normales y cuando son marginales parecen cotidianas. ¿Otro truco de Magia Borrás?

En la infancia, había niños que jugaban con muñecos (Geyperman, clicks de Famobil), pero también había algunos pocos a los que su bonito diseño no terminaba de satisfacerles. Tenían la necesidad de cambiar algo en ellos: colocarles una pistola, una capa, un color que modificara, aunque fuera levemente, lo propuesto por los fabricantes. También había niños que disfrutaban más contemplando una gruta en medio de un monte que jugando y corriendo a través de él. En realidad, no entraban a la gruta, no tanto por miedo (que también), como para no deshacer el misterio que había en ella, para no confrontarse con la cruda realidad. Algo que no importaba, en el fondo, demasiado porque en cuanto entraban en ella se ocupaban rápidamente de convertir una piedra, una hoja seca o un jirón de ropa encontrado allí en un objeto mágico, un nuevo misterio.

Tal vez me equivoque, pero creo que Mario Rubio era de estos últimos: de los que veían un meteorito en una piedra común, un cetro en un palo y un tótem en un trozo de madera. No hay más que ver cómo nació su fascinante serie sobre serpientes (que no lo son, pero sí lo son, o… ¿quién sabe?).
Mario paseaba por el monte, sin más interés que dejarse ir, disfrutando de la naturaleza, cuando se dio de bruces con un palo que recogió del suelo y con el que jugó entre sus manos hasta que comprobó que podía pasar por una culebra. Y aunque no lo fuera, el objeto se convirtió en serpiente y pasó a ser el protagonista de una deliciosa serie que nos interroga, o más bien asalta de imprevisto, haciéndonos reflexionar sobre el pecado, el lujo, el confort, los peligros de la seducción y muchos más temas.

Un ejemplo claro del modo en el que, con muy pocos elementos, casi como un pequeño mago, se puede ir muy lejos sin necesidad tampoco de ser demasiado explícito. El truco puede parecer fácil, pero lo difícil es crear el truco a partir de las cartas y los dados. Toda esa ceremonia que envuelve el truco y, al mismo tiempo, lo desvela, Mario la realiza con aparente frialdad. No tanto para epatar sino para lograr crear misterio, piezas sugerentes, llenas de recovecos y filtraciones que no buscan imponerse sino seducir o inquietar.

Las culebras, serpientes de Mario, son tentadoras, lascivas, pero también discretas. Son bíblicas, casi míticas, pero también frívolas y amantes del lujo. Manipulan (como los cuerpos desnudos) nuestros deseos sin aparente esfuerzo. No se mueven, no son gigantescas, no poseen colores chillones, pero, sin embargo, capturan toda nuestra atención. Parecen mirarnos, tentarnos, nos hablan con más claridad de nuestros traumas y miedos cuanto más nos ignoran. Su presencia es total, de hecho, porque es sibilina y aparentemente casual.

Tengo la impresión de que Mario juega con el arte, o más bien experimenta con sus creaciones, como lo hacía cuando en las calles de su Cuenca natal armaba soldaditos y atesoraba trozos de algo inexplicable (una moneda oxidada, una cuerda vieja, una lucecita de carnaval rescatada del barro) que luego colgaba en su habitación como si fueran jirones de alma de algún espíritu. Esos reflejos del ánima de los pueblos castellanos aún pueden percibirse (aunque sea a lo lejos) en las obras que actualmente realiza y contribuyen decisivamente a darle, insisto, los matices misteriosos a sus creaciones incluso aunque éstas se dejen mecer por los coloridos mimbres del arte pop, las fantasías naif o invoquen las llamas de las cabañas infantiles, los parques o el canto de los pájaros.
En realidad, creo que la obra de Mario Rubio se mueve entre la necesidad de libertad personal y el escepticismo social. De ahí brota su lucidez: del deseo de que las piedras, los hilos, los trajes vuelen, se transformen, muten y se conviertan en objetos mágicos, y de la imposibilidad de que esto se produzca—no tanto por las prohibiciones sociales o la realidad—sino por la crudas normas del sistema artístico. Las reglas de poder.

Si hay alguien domesticado, enjaulado e ignorado en nuestra época (por más que venda), ese es el artista. Mario Rubio trabaja en medio de ese clima enrarecido buscando abrir al menos pequeñas compuertas personales, que le permitan pasearse por la realidad como el joven que contempla una gruta en el monte y sabe que allí está contenido el mundo, aunque el resto de personas se muestren completamente indiferentes a ello. Shalam
إن رؤية أنفسنا كما يرانا الآخرون هي هدية مفيدة للغاية
Vernos a nosotros mismos como los demás nos ven es un don en extremo conveniente




1imagen….dos protagonistas la serpiente amarilla (pensando en arte) y la tecnologia (reproduccion para ser vendida)…..
2imagen….flecha cupido enamorada de un libro abierto…
3imagen…si velazquez representaba realismo….las metamorfosis de ovidio son fuentes de ese realismo….(todos los humanos del cuadro son dioses dispersos)….
4imagen…maquinas de jugar «cliper»….jajajjj…a las calvas o al huevo en la tierra(suelo)….(juego callejero)….
5imagen….mira que bolo china (es de acero luminoso)…pero con el no juegues que me rompes las calvas)……(aunque parezca duchamp)….(creador de la aceptacion del arte idea)…esto es el s.XX….lo demas lo hara la i.a. esto es el s.XXI……
6imagen…a un ser vivo lo mantenemos en alcohol no en hospital…
7imagen….en busca del fuego solar (el ku klux klan esta desenmascarado)…..
8imagen….tinaja donde almacenar el agua…..
9imagen….el animal quiere camuflarse con las hojas del libro en blanco(wilfredo prieto(cubano)…autor de la accion mas pura (biblioteca de libros en blanco)…..
10imagen…no es necesario que el material oro tenga forma de animal culebra,,,,(el w.c.si)…..james brown….
11imagen…el casino de scareface…jajajj…(la motosierra esta detrs de la camara)…..
12imagen…techo de la casa en los mateos (la vida se «conserva» aunque sea en el balneario)….
PD…el verdadero animal africano picando a todos los asistentes
las primeras filas son las reales laillas atacantes….james brown live 1971…super bad…saliendo de la tinaja de la imagen 8…..like sex machine get it up…………
https://www.youtube.com/watch?v=oPY7P-bEGZg&list=RDoPY7P-bEGZg&start_radio=1
1) Pienso en Zulueta, Arrebato, la magia y la droga. 2) La portada y la contracubierta. La cabeza y la cola. Los libros son veneno para los ignorantes y están lleno de venenos para confundir a los sabios. ·3) ¿Y éste? ¿Otro iluminado? Hay que llevarlo al programa de Iker Jiménez. 4) Es el truco de la mano que se mueve. Un homenaje al cine mudo. La mano de Buster Keaton. Ja,ja, ja, ja. 5) Juego de damas. Una escena que podría aparecer perfectamente en aquellos míticos programas de los 80 de juegos entre jóvenes. 6) Alien el octavo pasajero. El prototipo del monstruo. Aquí lo estudiaremos y se lo daremos a la teniente Ripley. 7) Cabaña y locura. Nido de mentes. 8) Nave espacial. Nueva versión del clásico Plan 9 para instalación de arte. 9) La biblioteca de libros en blanco supongo que sería la inspiración para uno de los best sellers del año pasado. Los logros de Pedro Sánchez con todas sus páginas en blanco..jajaj 10) Es un nuevo mechero de marca. Si quieres encenderte el cigarro pulsas y en vez de lengua sale fuego. 11) Tentación. El juego también es una tentación. Jugaréis, beberéis, seréis como dioses y luego seréis míos.12) Casa para pájaros de papel inspirada en las fantasías de Salvador Dalí. Cuando el pájaro se introduce en ella, se cae porque al fin y al cabo es un sueño. PD: El huracán. Un tornado como el del Mago de Oz o el que hubo en la Manga esta semana. Brown comía mucha proteína..jajajj