Ouka Leele
Ouka Leele posee una gran virtud: conseguir que todos las personas que se colocan ante su cámara, parezcan interesantes, exentas de vulgaridad y...
No obstante, desearía despedirme de Los puercos hasta otro momento de la mejor manera posible. Y por ello, me referiré hoy a varios lienzos de René Magritte –Wonders of nature o Le blanc seing– que de alguna manera, me recuerdan al lugar donde se desarrollan las páginas finales de Ruido y Los puercos. Un cruel, maldito espacio imaginario donde no existe humanidad y todos los vicios y porquerías son posibles. Aparecen piratas que descienden de barcos invisibles y luchan contra jardineros invencibles cuyas risas se extienden por las praderas, animales extraños cuyos lamentos míticos estremecen de miedo a las madres que duermen solas en las aldeas, muchachas fantasmagóricas que bailan frente a poetas demasiado preocupados porque su traje no se manche y damiselas que aparecen y desaparecen en los bosques como si fueran los versos de un poema surreal leído en el principio y fin del mundo; entre los hielos de los árticos y el lodo de los volcanes. Frente a una esfinge que vocifera en un extraño lenguaje y araña la piel de hombres desnudos por más que éstos besan sus pies y se esmeran en cumplir sus órdenes.
He de reconocer que, aun considerándolo un maestro, los lienzos de René Magritte no me golpean emocionalmente ahora como lo hicieron durante mi primera juventud. Etapa en la que me sentí absolutamente fascinado por ellos hasta el punto de que casi destrozo de tanto usarlo, un libro consagrado a su arte que solía llevarme a la playa mirando las fotografías y el mar intermitentemente. Tal vez porque en aquellas insólitas creaciones no sólo se vinculaban dos mundos, el del día y la noche, sino múltiples. Todos lo imaginables y los inimaginables. E internamente, entendía que cuanto más las mirara y absorbiera sus sugerentes variaciones, más me sentiría capaz de poder escribir en el futuro todo aquello que me viniera a la cabeza. Sin importar que fueran delirios y sueños o universos insólitos y en apariencia irreconciliables.
Curiosamente, termino de escribir estos párrafos conforme voy conociendo los detalles referidos al internamiento del maestro Sergio Pitol de urgencia en un hospital. Pero lamentablemente, no sólo puedo preocuparme por su salud. Hay toda una serie de víboras que quieren aprovecharse de su cadáver que enturbian aun más momentos así. Pero en suma, justifican también la existencia de un libro como Los puercos donde intento reflejar la mezquindad y el horror del alma humana al extremo. Porque lamentablemente, Los puercos, sí, no es un delirio ni una locura. Es la más exacta realidad. Sólo hace falta mirar a nuestro alrededor para advertirlo y tomar conciencia de que si el arte existe es porque, entre otras cosas, puede describir sin ninguna piedad situaciones como la que vive el maestro Pitol. Algo que por otra parte tampoco hay que magnificar pues desgraciadamente, suele ser común que se produzca con personajes famosos o influyentes. 
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