Dejo a continuación el cuarto y el último avería dedicado a mi relación con la música electrónica. En este caso, me centro ya al fin en los dos conciertos que vi el pasado sábado 12 de abril en Lonja Negra.

Lonja Negra (Cuatro)
Si he de ser sincero desde aquel recital de Goodiepal en Berlín, mi relación con la electrónica no varió mucho. En lo esencial, dejé de contemplarla como un terreno de riesgo y locura. Se convirtió en parte en una presencia fantasmagórica en mi vida. Estaba ahí, siempre estaba ahí, pero ya nunca más ocupó un lugar preponderante. Al menos la del siglo XXI porque sí es cierto que de tanto en tanto me daba por sumergirme en la de los 70.
Ok. Sí. Sin saberlo yo también estaba realizando mi propio periplo por las sombras y el pasado. No sólo yo. Toda una cultura. El futuro de repente se había convertido en un mundo antiguo. Todo lo que la música producía miraba hacia atrás. La música era Sara. La mujer de Lot. Una estatua de sal.
Obviamente, estoy generalizando. Supongo que no hace falta reiterarlo. Sí es cierto que volví a ir a un Sonar. Al del 2009. Pero no fui allí buscando sonidos ni a encontrar nada nuevo. Lo pasé a lo grande y punto. Viví momentos inolvidables (un concierto de Animal Collective de ensueño, otro de Grace Jones de esos que quitan el hipo) pero todo lo que sonaba a mi alrededor me parecía familiar. La sensación no era de descubrimiento ni de aventura sino de reconocimiento. Otro años más dentro del neoliberalismo. Un nuevo paseo por los campos de concentración de la era del ocio. Las prisiones de la sociedad líquida. Las prisiones del goce.
En realidad, a esas alturas, muchos ya éramos conscientes de lo que Mark Fisher y Simon Reynolds definieron a la perfección pero nadie posiblemente había hasta entonces reflexionado en profundidad en artículos o libros. Que el pop y el techno se habían vuelto reiterativos. Caminaban en círculos. Se digerían a sí mismos. Ya no avanzaban hacia lugares inciertos sino que daban vueltas una y otra vez y una y otra vez por los ya conocidos. El techno había devenido en un ciempiés borracho. Todas sus ramificaciones y piernas caminaban hacia los lados y hacia delante y hacia atrás. Sin horizonte claro.
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«En un región vacía del espacio, una partícula emerge de la Nada, toma prestada su energía del futuro y paga (la deuda) (con su aniquilación) antes de que el sistema note que ha sido prestada».
¿Se refiere con esta reflexión Slavoj Žižek a lo que ocurre actualmente con la música? Podría ser. Pero para que fuera exacta, debería matizar que esa partícula que emerge de la Nada, toma prestada su energía del PASADO. La deuda, eso sí, la tiene con el futuro. Con nosotros. ¿Qué nos da? ¿Lo mismo de siempre?
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A algunos les sonará a herejía lo que voy a decir. No importa. ¡Que me excomulguen! Creo que Zooropa y Kid A, los Lps de U2 y Radiohead, fueron dos autodestructivos y corrosivos viajes interiores que, a su manera, presagiaron el agujero negro en el que caerían el pop y sus derivados electrónicos en el siglo XXI. Si nos fijamos bien, ambas obras remiten a la imposibilidad de avanzar. Son coscorrones contra un muro. Son muy buenos discos pero reflejan más impotencia que poderío. Son un «hasta aquí hemos llegado». Nuestra música es ahora el más allá porque no vemos más allá.
En gran medida, Radiohead y U2 me recuerdan aquí a lo que pudieron experimentar los primeros exploradores que pusieron un pie en el Polo Sur y el Polo Norte. Habían llegado a un límite. Habían triunfado. Pero al mismo tiempo habían fracasado. Su aventura había muerto para siempre. Porque ya no había más allá. Lo que quedaba por ver, por conquistar, por explorar era demasiado poco.
Al contrario, en los 70, los músicos de Krautrock no veían un final a sus exploraciones. No vislumbraban un límite. El mismo Frank Zappa o Miles Davis murieron creyendo que aún había muchos terrenos que explorar. Tal vez el destino de Zappa y Davis en el siglo XXI no hubiera sido muy distinto del de Prince. Una anomalía creativa a la que se les respetaba más por lo que hizo que por lo que estaba haciendo o tenía por hacer.
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Leo en La nueva subjetividad, el libro-novela-libro de Alfonso García Villalba: «Todos los caminos conducen hacia la tiniebla (y la arena: la arena se vuelve negra, lo hace dentro de un sueño)».
También leo lo siguiente: «pérdida de estímulo, ausencia de entusiasmo o disonancia cognitiva, déficit de atención».
¿Se refiere a la relación de los consumidores con el arte, con la música, con la vida, con el mundo? ¿Habla de Kid A?
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¿Cuál es uno de los problemas de todo lo que he ido afirmando a lo largo de estos averías? Vuelvo a repetirlo. Que estoy generalizando. Es difícil no hacerlo. Imposible, creo. Pero no deja de ser un problema.
A estas alturas, tenemos bastante claro que la música electrónica (como el pop y el rock en general) entró en un deja vu hace casi dos décadas. El horizonte a descubrir es el pasado de la música. Pero eso no significa que no haya músicos atizando el fuego dentro del agujero negro artístico en el que nos encontramos. Guerreros solitarios que encienden la llama en medio de noches de hielo. La nave se dirige hacia atrás, ok, pero los artistas viven su vida hacia delante. Algo interesante ha de salir de esta paradoja, de esta confrontación.
¡Ahí es donde entra Lonja Negra! Una asociación profana consagrada a la adoración de Cthelha, la diosa marinera de las subastas de pescado. Un centro oscuro como oscuro es nuestro reino, como la época que nos ha tocado vivir, como lo son los ojos de los monstruos de Lovecraft.
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Lonja Negra es más un lugar mental, una actitud, que un espacio físico. Es más instinto que concepto. Es más una nave de saboteadores recorriendo el agujero negro que un centro artístico. Son importantes lugares así porque permiten reflexionar sobre la sociedad y la música de un modo que los Festivales niegan. El dinero que se paga por una entrada y la acumulación de artistas provoca la dispersión y la atrofia crítica en esos eventos.
En un Festival todo se diluye. En un espacio pequeño todo se condensa. El músico toca no tanto para una masa como para ti. Para varias personas no tan distintas de él. Seguramente con parecidas inquietudes. En la sala pequeña se puede percibir lo que siente el músico. Lo que piensa incluso. El músico recupera su faceta de chamán. Forma parte de una pequeña tribu que tiene enfrente. En un festival, el músico no es chamán. Es una estrella. Su tribu no existe. Existe la corporación. Existe la competitividad. Está más unido al resto de músicos (más por las cifras que les pagan que por otra cosa) que a su público.
Lonja es guerra y chamán. Lugares así nunca aparecerían en Star Wars. Sí en La cosa. El filme de Carpenter. Quienes tocan allí podrían hacerlo también en la Antártida. Frente a los miembros de la tripulación 31.
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Vale. Ya dije mucho. Demasiado probablemente. Voy ahora a hablar un poco de Bonamasa y Munda.
Obviamente, lo haré de modo subjetivo.
¿Podría ser de otra forma? La música es el arte subjetivo por excelencia. Y más sino le acompaña letra. Que nadie espere por tanto que lo que yo diga se ajuste a la verdad. Lo fascinante de la música es que te obliga a hablar de ti. A creer que lo que sientes es la realidad.

Ok. Claro que el concierto de Bonamasa en Lonja me gustó. ¿Por qué?
Creo que Bonamasa se plantea la música como un viaje externo e interno. Un vuelo libre. Aunque la melancolía que transmite tiene ciertos efectos fantasmagóricos no es tanto como la de Burial. Burial remite a la soledad en la sociedad contemporánea. Burial habla de individuos fragmentados. Probablemente Bonamasa compuso gran parte de los temas que interpretó a raíz de sus periplos por Japón. Hay algo de eso en su música. De tristeza por haber caminado por barrios perdidos, (muy parecidos los unos y los otros), haber perdido el tiempo en cafés solitarios, haber pasado tardes sin mucho sentido paseando por una ciudad amenazadora (y veces también esperanzadora y acogedora). Pero aún más que eso, creo que el viaje de Bonamasa es hacia su infancia. Burial niega la infancia. Burial vive en un mundo donde la inocencia ha sido extirpada. En el mundo de Burial ya no nacen niños. En el de Bonamasa continúan naciendo y creciendo a pesar de todo. Casi se podría decir que Bonamasa es músico para conservar la inocencia. De hecho, en su concierto no experimenté desolación. Más bien percibí cierta alegría. Para Bonamasa Japón no fue hielo. También fue calor. Abrigo. Hay vida más allá de Berlín. Los muros ahora son invisibles. Pero están. Continúan. Ahora toca aprender a sortearlos.
En determinados momentos. (tal vez por su aspecto) Bonamasa me recordó a Charly García. Su propuesta está lejísimos de la del músico argentino. Pero sí que había un toque iconoclasta y, sobre todo, festivo, mágico en lo que hacía que lo une a él. Hay algo zen en los discos de Bonamasa. Pero también un toque festivo un tanto oculto que permite divertirse con ellos a pesar de su aparente tristeza, su aspecto fantasmagórico. Creo que Bonamasa, de hecho, es más festivo que lánguido. Invita más al desparpajo que al recuerdo.
¿Para cuándo un encuentro entre el italo disco y el ambient? Me dio la impresión de que el día en el que Bonamasa viaje por Italia, algo interesante va a salir de allí.
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Lo de Munda fue bastante distinto a lo de Bonamasa No estoy seguro pero tengo la impresión de que es un músico de mayor edad. Bonamasa planteaba una búsqueda, un periplo. Nos informaba de un estado mental. Era más bien un viajero imaginario. Todavía un explorador. Sin embargo Munda era más bien un guerrero. Planteaba una lucha personal. Convertía la música en un territorio sagrado y de sufrimiento. Podía uno sentir las luchas internas de Munda cuando lo veía interpretar los temas de sus discos. Tengo la sensación de que nos estaba hablando de lo difícil, lo duro que es sobrevivir en los centros neoliberales. Munda nos estaba contando una tragedia. Un drama. Estaba representando una obra de teatro en su concierto sin necesidad de formular una sola palabra. Estaba profundizando en sí mismo.
Hubo algo alquímico en el recital de Munda en Lonja Negra. Tal vez también chamánico. No tanto porque quisiera invocar a los espíritus caídos de nuestros ancestros sino porque, en cierta medida, el concierto parecía un ritual de confrontación con el cosmos. Tengo la impresión de que lo que hace Munda en sus discos es recuperar fragmentos perdidos de su alma. En la vida diaria, en el mundo neoliberal, todos vamos perdiendo nuestro aura, pecamos, nos contaminamos, sufrimos. Los recitales de Munda son un ritual. Porque son el momento exacto en el que el músico reconstruye, reinicia, se reencuentra con todo aquello que va perdiendo en la vida diaria.
La inocencia ya es imposible de recuperar. Pero sí es posible volvernos más fuertes. Más conscientes. Esa es la sensación que tengo tras el concierto de Munda. Que todos los allí presentes crecimos. Luchamos. Sus conciertos son un trance para recuperar el poder perdido. Una llamada desesperada de auxilio. La unión aún hace la fuerza.
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En fin. Lonja Negra ha conseguido algo importante. Que como me ocurrió cuando descubrí Música René considere un error ético, casi imperdonable, perderme cada uno de los conciertos que se programan allí. Toda esta semana llevo preguntándome si iré o no al de Fouce y Xisco Rojo. Y eso, después del periplo que he narrado en estos averías sólo puede ser bueno.
Tal vez no vaya. Tal vez sí lo haga. Tal vez me quede en mi propia gruta. Dentro de la caverna solitaria. Pero puede que sí que viaje. La oscuridad llama a la oscuridad. De vez en cuando está bien dejarse guiar por las estrellas fugaces que aparecen en los cielos. Los seres perdidos, los seres desterrados nos damos luz cuando nos unimos. En los agujeros negros cuanta más oscuridad y locura hay, más claridad y paz tenemos. El ruido es nuestro descanso. Shalam
إن أكثر الرجال انفتاحا على العالم يعلمون أنه لا يوجد فرق واضح بين الحقيقي وغير الحقيقي.
Los hombres de más amplia mentalidad saben que no hay una distinción clara entre lo real y lo irreal







1imagen…rayos de electrones en un marcografo oxidado…..
2imagen….en este señalador vale todo incluso el morse…..
3imagen….el planeta negro…(gran espectaculo)….
4imagen…sonrisa, la solucion es sencilla aunque yo la haria en las faldas de las montañas……el arca de noe(fitzcarraldo)…..
5imagen….una nueva subjetividad es alphaville, lemmy contra alphaville 1965 jean luc godard…….
6imagen..mucha boca, mucho ano, mucha lengua, mucho humo..
7imagen…explosion en escena (una palabra de la situacion)….
8imagen….un pulpo mierdesco en la calle de las beatas antes y despues de la fiesta brava…..
9imagen….un trozo de patata con bigote, mosca y cadena….
10imagen…escondido tras las cañas….cuando llegue la noche se echara en el suelo…….
11imagen…la mania de vasili kandinsky(1866-1944)…..
PD….este monje que respira……scott walker…tilt…inclinacion….
https://www.youtube.com/watch?v=T5xjyUKL308….1997….
1) El sol negro y oscuro. 2) Rayos de sol catódicos 3) Africa.Esclava del ritmo. Dueña del sexo. 4) Los Árticos. Puedo imaginar aquí el comienzo de un cómic de Jodorowsky.Escenas de prueba de El incal. 5) Descubrí a Godard por Alfonso. jjja.. Si. Alphaville. Da para mucho ese filme. Portada del libro. Androide vacío. Galactica pasada por el filtro de Godard. 6) El monstruo de las cien caras y de los cien rostros. Preludio del monstruo de «La cosa». Lo que hizo Lovecraft fue increíble. 7) Ruidismo ritual. Música para follar en el mundo industrial. 8) Aquí La cosa parece Alien. La influencia de Ridley Scott es alargada. 9) Don Julián el rufián. El espadachín mexicano. 10) Mago Mandrake. La reencarnación. 11) Arquitectura ruidista. PD: este disco es tan profundo que ni puedo decir que es bueno. Va más allá. La portada por cierto siempre me ha intrigado. Nunca la he comprendido. Creo que es buenísima. A veces veo un cuervo. Otras una chaqueta de cuero.