Lánguidas muñecas locas (1)
Dejo a continuación el primero de dos averías dedicado a Dolls de Takeshi Kitano. Aunque deseo aclarar que este en concreto no se ocupará de la...
Lo inquietante de la película de Mulligan radica, en mi opinión, en que no opone al bien frente al mal sino que los confunde de forma muy sibilina hasta hacerlos indiscernibles. De hecho, ellos son los auténticos protagonistas de la obra. El bien y el mal son los dos hermanos. Los dos niños que campan a sus anchas en un territorio desolado que imprime a la película todo tipo de resonancias gnósticas y maquiavélicas.
El otro, no obstante, como la obra ambigua que es, admite toda clase de interpretaciones. Pues, en definitiva, es un exorcismo. Dolor y ausencia. Terror psicológico. Un reflejo y metáfora de por qué, por ejemplo, el puritanismo o la mayor parte de las empresas religiosas han acabado convirtiéndose en emisarios de la desgracia y el demonio. Quemando y fustigando el cuerpo y alma de inocentes.
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