Kiss: ese chute de fantasía
Kiss son uno de los mayores monstruos egóticos salidos jamás de Norteamérica. Una banda compuesta por cuatro murciélagos que consiguieron...
Obviamente, Prince hizo suyo todo aquello que tocaba. Como un druida de la música pop, por ejemplo, condujo los clásicos de la Motown a otra dimensión. Los convirtió en una batidora electro, un mantra pop, casi una discoteca incendiaria y, pronto, se alzó como un símbolo a través del que los negros recuperaron el presente de la música.
Cuesta entristecerse con la muerte de Prince porque grabó tanta música que siempre hay un doblón de oro que descubrir en su discografía. Una discografía parecida a un acuario lleno de peces de colores y a una ciudad llena de graffitis en los muros de sus edificios. Probablemente porque, a pesar de que el funk era el estilo con el que se sentía más cómodo, su espíritu era el de un jazzista. Su obra en su conjunto, de hecho, y más después de su deriva de los últimos años, puede leerse o mejor, escucharse como una inmensa jam session sin apenas interrupciones. Un tema de la duración de varios días que, con las sinalefas y enlaces adecuados, podría ser oído incesantemente. Es prácticamente una eterna canción sobre Dios y el amor.
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