Submarinos (4)
Dejo a continuación el cuarto y último avería dedicado a submarinos. El cual recomiendo leer escuchando un tema de Loscil incluido en su álbum...
Tarzán era un arquetipo. Un nuevo Adán. Un prototipo moderno del primer hombre paradisíaco cuya fortaleza y frescura contrastaban con las imágenes torturadas y sangrientas de Cristo y cuyo pecho descubierto relucía poderoso e imperturbable frente a la arrugada piel y el gesto contrariado y frustrado de los eclesiásticos que se arrodillaban ante las estatuas de un ídolo muerto.
Tarzán representaba la posibilidad de un nuevo comienzo. Era un antídoto de pureza e inocencia salvajes contra las dos guerras mundiales. El símbolo de todo aquello que había perdido la humanidad. Una vuelta a esa ley natural mucho más sencilla, justa y clara que la establecida. La de la supervivencia. Era, sí, una prueba viviente de que las historias pulp no eran tanto el opuesto de las de la literatura culta como su complementario. Ya que precisamente la angustia que sentían los lectores y personajes de Thomas Mann, Ford Madox Ford, James Joyce, Pío baroja o Robert Musil estaba provocada por un mundo inhumano y apocalíptico sin apenas savia vital que encontraba una salida y refugio en las historias de Conan o Tarzán. O incluso en los cuentos de Lovecraft donde el mal era absolutamente tangible. Repugnante como la baba de un lagarto y la orina de un jabalí. Pero, ante todo, tangible.
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