Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Creo que los puntos de partida de Martyrs son los anteriormente citados. Ocurre que al tener que aplicarlos en este caso a un género como el de terror que de por sí desborda y despide emociones y tensiones extremas, Pascal Laugier se vio obligado a llevar su propuesta a límites prácticamente inconcebibles. Un intento frenético y exagerado de llamar la atención de todas las formas posibles que me parece que se explica debido a la cultura de la irrealidad extendida en Francia. Un país donde el foso entre las palabras y el mundo se hace día a día más grande y exige rellenarlo a la desesperada para construir puentes de diálogo entre los miembros de una cultura que parece estar muerta o trabajar para la muerte. No emite rasgos vitales y hay que reanimarla a la desesperada, tal y como que hace el director galo aquí: ponerla ante el espejo y comenzar a golpearla, torturarla, a ver si despierta de alguna forma.
Es con esta clave, por ejemplo, que leo la fallida historia de la secta que se desarrolla en la película. De hecho, entiendo que el interés de los señores burgueses por descubrir aquello que se halla más allá de la muerte no es más que un gesto habitual en una cultura condenada a perecer, decadente, como el realizador francés se encarga de certificar con el suicidio final de la señora que logra conocer este secreto.
Creo que en el fondo esto es lo que nos propone el más radical e incomprendido a la par que sugestivo cine francés actual: radicalizar la imagen desde la muerte. Una celebración de la vida desde la tumba. La posibilidad de ver desplazarse a un cadáver y romper todas las reglas existentes. Aunque por supuesto, habría que matizar.
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