Roberto Bolaño entre constelaciones infrarreales
Hace unos años, coordiné un número sobre el movimiento poético infrarrealista para la revista El coloquio de los perros. La idea surgió de una forma...
Borges es, sin dudas, uno de los mayores responsables de haber convertido la existencia para ciertas personas en literatura. Todo en él acaba en el libro. Un reloj, una cadena de oro, una pistola o un cuchillo no son tanto objetos de la vida cotidiana en sus textos como palabras y símbolos. Y en muchos casos, remiten a relojes, cadenas de oro, pistolas y cuchillos utilizados por otros personajes de la literatura universal.
Ciertamente, ninguna antología literaria se encuentra completa sin un relato de Borges. Sin dudas, ha compuesto algunos de los más asombrosos cuentos que se han escrito jamás pero con el tiempo, -leídos todos ellos en tantas ocasiones- lo que más me interesa es su personalidad. El estoicismo con el que fue capaz de sobrevivir al escarnio del régimen peronista y a su ceguera o esa niñez en la que no separaba los ojos por un solo instante de los libros y cayó fascinado por la egregia figura militar de su abuelo militar, Francisco Borges Lafinur. Porque, en resumidas cuentas, su carácter era tan fascinante como sus creaciones. El escritor porteño fue, sí, un hombre misterioso. Alguien que a través de los libros se forjó una identidad y no al revés. Y gracias a ellos, a las sabias experiencias y aprendizajes de todo tipo de vidas y sucesos allí leídos, atravesó un cúmulo de difíciles situaciones con una sonrisa en los labios. Sabedor de que la eternidad siempre se impone a la mezquindad y al oprobio. Borra todo aquello que no es excelso e inmortal. Shalam
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