Full circle
Basta escuchar unos pocos compases de Full circle, ser asaltado por las melancólicas, hirientes notas de un piano que parece maullar combinadas con...
Love es un epílogo. Un fin de fiesta. Un disco triste, por tanto, pero es injusto minusvalorarlo porque se encuentra lleno de buenas canciones. Muchas de ellas, de hecho, podrían ser singles y deberían ser consideradas brutales himnos adolescentes y no haber caído en el olvido. En cualquier caso, yo lo considero el Lp más equilibrado de la banda. Una obra que combina perfectamente el sonido furioso y festivo que la caracterizó con una esmerada producción FM de Beau Hill que conseguía dar aire a los pegadizos temas y, en algún caso, hasta permitía bailarlos.
Parece claro, por otra parte, que resulta difícil separar Love de la fecha en la que surgió: 1987. Un año lleno de discos con sofisticadas producciones que marcaron un hito en el heavy metal y, obviamente, fueron muy importantes para la «modernización» del sonido Twisted. Ocurre que estos trogloditas eran tan peculiares y esquizofrénicos que cualquier cambio de look artístico les hubiera afectado en uno u otro sentido. El público deseaba a los hombres primitivos pintados como muñequitas y enfundados en pantalones rotos que había conocido y no toleró su edulcoramiento que, como creo haber dejado claro, en mi opinión ampliaba su paleta de sonidos. Los conducía a otra era que tan sólo pudieron vislumbrar tras haber autodestruido una y cien veces el automóvil parecido a un tiranosaurio en el que viajaban por las sucias autopistas del rock duro, grasiento y glaumoroso. Shalam
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