El forzudo
El miércoles fue un día intenso en Marrakech. Los rituales musicales que se llevan a cabo en la Plaza de Yamaa el Fna son impresionantes. He visto a...
No me dormiré si es posible mientras no consiga llegar hasta donde me encontraba hace unas horas. Y confío hacerlo con una sensación de victoria. Pero si no, al menos con la de no haber sido derrotado. El camino fácil es el de la depresión. Es necesario entenderlo y remar por más cuesta arriba que sean las circunstancias. Pues el imponerse a los obstáculos, da la medida de quiénes somos realmente y si merecemos ser libres, alcanzar un grado de conciencia superior en este mundo que se descompone a pedazos. Lo que no significa que nos hundamos nosotros con él. Al contrario. Acaso que debemos ser más que nunca fuertes, creer en nosotros mismos y obviar las dudas y falsedades para realizar aquello que hemos venido a hacer a nuestro mundo. Que no es tan difícil de saber. Basta con sentarnos a meditar en silencio y escucharnos a nosotros mismos. Observar las dificultades a las que nos enfrentamos y nos cercan y ponernos manos a la obra a vencerlas. Y si morimos que sea luchando. En mi caso, escribiendo. Imponiéndome al negro genio que no desea que me realice como persona y que, sabiéndolo o no, al ponérmelo tan difícil, me obliga a superarme cada día más. Ir más allá de mis límites y construir un territorio libre y franco, abierto al mundo, en el que mis libros acabarán introduciéndose antes o después. A pesar de lo dificultoso que parece días como hoy debido al despiadado ataque de esos demonios que nos chupan la sangre y desearían que bebiéramos, nos drogáramos o medicáramos para soportar esta existencia que no es más que una oportunidad. Una prueba que superaremos o no, siempre y cuando contribuyamos a empeorarla o mejorarla. Y, desde luego, bajo ningún concepto, si nos rendimos. Shalam
0 comentarios