El placer de las sabandijas
Acabo de terminar de leer el primer libro que publicó Marc Édouard-Nabé, Au régal de vermines. Un texto incendiario donde me atrevería a decir que...
Una conferencia de San Vilas tiene a fuerza que ser divertida. Porque San Vilas no imparte conferencias, da conciertos. San Vilas es rock. San Vilas es diversión. San Vilas es el anti-Radiohead. El exterminador de exterminadores. El exterminador de aniquiladores. El anti-nihilista. La voz de los vivos. De los bares. San Vilas es el rostro de las calles españolas. Y su memoria. De los muchachos universitarios y las prostitutas. Y su memoria.
En cualquier caso, eso sí, San Manuel Vilas tiene fans. Y yo soy uno de ellos. Porque, a pesar de su jocosidad y descaro, San Manuel Vilas es una persona respetuosa. No es Alberto Olmos. No ha necesitado para construir su personaje, destrozar a medio mundo y a sí mismo. Reírse de los fracasos e ironizar con los intentos. Le ha bastado con pintar una caricatura de su rostro en una carpeta de estudiante, ponerse un parche en su cazadora de cuero y ponerla a hablar sobre cualquier cosa. San Manuel Vilas es un rockero sin ego. Los halagos sólo le sirven para impulsarse más y más. Seguir rodando. Pisando el motor. De hecho, es un tipo que perfectamente, te puedes imaginar ofreciendo un dulce a cada comprador de su libro. Sonriéndote mientras mastica fuerte un pedazo de bisteck de ternera.
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