La selva y la muerte
Pocos escritores han existido tan torturados y desgraciados como Horacio Quiroga. Su vida está llena de desafortunados incidentes y suicidios que...
Vi un muchacho solitario caminando herido por una flecha. Y a un poeta divirtiéndose con las perversiones de furiosos condes. Vi a una doncella besando un Cristo antes de clavar un puñal de bronce a su marido. Vi a un avaro comiéndose las manos y a diez perros persiguiendo a un tropel de niñas en una cueva repleta de arena. Vi cómo el mundo se destruía y los filósofos convertían sus libros en muros infranqueables y a los mejores amigos de un joven pintor arrojándolo por un precipicio. Y también vi a decenas de escritores destrozando las páginas escritas por otros escritores. Y después de todo aquello que vi, no quise ver más, y un ángel oscuro selló mis ojos y labios. Y en la tumba donde era enterrado, escuché decir a los súbditos que echaban tierra sobre mi cuerpo: «¡Asesinad a este hombre que está ciego y no es testigo del rostro de satisfacción que tenemos cuando sufre!» Shalam
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