Ciudad Juarez: un feminicidio suicida
Hace unos años, publiqué un amplio texto sobre Ciudad Juárez y sus famosos feminicidios en la revista El coloquio de los perros que, tras haberlo...

En cualquier caso, lo peor de aquel infausto fake de Évole (¿prefieren que lo llame periodismo avanzado?) no fue su escasa credibilidad sino el hecho de instituir desde una supuesta cadena televisiva «rebelde», (esa rebeldía trans¿génica? que mezcla los vaqueros Levis con los crujidos de Doritos y una canción de los últimos Aerosmith), la duda. Es decir, no se atrevió a afirmar lo que cualquier ciudadano informado conoce -la participación como instigador principal en el golpe de estado de nuestro antiguo rey, Juan Carlos II- y dejó en suspenso cualquier respuesta que justificara la revuelta. Con lo cual, sí, consiguió que el fake fuera verdad. Pero verdad perversa y pervertida, fantasmagórica, que me parece que únicamente tuvo valor si consideramos que el fake, siendo aparentemente un género falso, es sumamente verdadero y subversivo. Porque, contemplado desde cierta óptica, lo que hizo Jordi Évole, (deseoso acaso de continuar la aventura de Spike Jonze en Being John Malkovich) fue un auto-fake. O un meta-fake. Una forma de transigir con el sistema y de mostrar sus cínicas entrañas. Puede que esta no fuera su intención (y si lo fue, desde luego, lo declaro un genio) pero gracias a la inmensa desvergüenza y desparpajo (bien pagado) con la que se atrevió a realizar esa operación en nombre de un supuesto periodismo de experimentación, mostró con inmensa claridad la desvergüenza del poder. Es decir, manipulándonos pudo denunciar la manipulación. Mintiéndonos villanamente mostró cómo nos mienten con vileza diariamente. Y puede que presentándose con cara de corderito ante las cámaras declarando no comprender las protestas sociales ante el espectáculo que urdió, contribuyera a denunciar la insistencia con la que cientos de políticos subrayan no entendernos tras realizar sus acostumbradas fechorías, pillajes y felonías mientras contienen la risa. ¿Quién sabe?
Hace varias semanas escuché una conversación entre Javier Crudo (un periodista que sí merece todos mis respetos) y Jordi Évole en la que ambos hablaban sobre la polémica que había desatado su transgresor documental. Javier, ingenuo y empático con el entrevistado -supongo que por conocer personalmente a Jordi o simple respeto profesional (al fin y al cabo Évole es socialdemócrata y la cara amable del vacío)- decía no entender las críticas que realizaron desde tantos sectores a su compañero de profesión, por su fake. Dos programas después, sin embargo, en un especial dedicado a la corrupción Javier Crudo entrevistaba a Ana Garrido, la mujer que destapó la trama Gurtel, y ésta le comentaba, que a pesar de haber insistido, dos de los programas «¿»humanistas?» de la Sexta, (esos buques trasatlánticos que vienen a salvar al pueblo de la crisis y remontarlo a otra orilla), El Intermedio y, sí, Salvados, prácticamente la habían vetado, no le habían dado ni voz ni voto. De hecho, aunque en algún caso, le habían llegado a realizar una entrevista, ésta finalmente se había decidido no emitir por vagos motivos relacionados con su supuesta ausencia de interés público.
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