Escapularios
Transcribo aproximadamente lo que dice Poli Díaz en una entrevista realizada a él y a Miriam Rodríguez en El mundo: “No tenía manías, no era de...
Resulta obvio que Higuita era un hombre de sangre caliente. Cada uno de sus gestos y sonrisas delataban que era colombiano. Un oriundo de Medellín. Una ciudad que, en sus años de esplendor como portero, se encontraba bajo el yugo de Pablo Escobar. Alguien que había transformado el crimen y los secuestros en actos tan cotidianos como la compra del pan o el descanso de los domingos. Lo que probablemente contribuyera a que, a pesar de su origen y su tendencia al exceso e incluso a la caricatura de trazo grueso, el excéntrico portero se comportara con soltura inigualable en los momentos más tensos y cruciales de los partidos y a que relativizara con sabiduría popular tanto los triunfos como las derrotas. De hecho, Higuita era un portero de instantes. Jugaba al fútbol como si estuviera en un pub o un cabaret y era capaz de tornar trascendente lo inocuo y cotidiano.
Si existe cierto consenso de que la obra maestra de Camarón es La leyenda del tiempo, también lo hay de que la de Higuita es su escorpión. Una parada que creo que, sin dudas, es la mejor de la historia de este deporte. Una locura que deja en ridículo por su mera existencia a cualquier trapecista o mago y estoy seguro de que ni el mismísimo García Márquez hubiera podido imaginarla. No obstante, la carrera deportiva de este anarquista del balón es un torrente tan grande de pasiones que existen unos cuantos acontecimientos casi tan trascendentes. Por ejemplo, su incandescente e inverosímil gol con la puntera de falta a River en las semifinales de la Libertadores del 95 o sus muchas e impresionantes paradas durante la tanda de penaltis de la final de la Libertadores del 89. Momentos históricos de un deporte que este torero con mallas se bebió, recorriendo los terrenos de juego si fuera el integrante de una guerrilla o perteneciera al narco y no supiera, por tanto, si su vida iba a acabar en un momento u otro o de si no realizar una actuación sobresaliente, podría seguir respirando.
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