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El pirata (2)

Sep 16, 2023 | 2 Comentarios

Dejo a continuación el segundo avería dedicado a Marco Pantani. El cual recomiendo leer escuchando el tema que Stadio dedicaron a este inolvidable ciclista: «E mi alzo sui pedali».

 

El pirata (2)

A imagen y semejanza de sus alocadas escapadas y su impulsiva manera de escalar montañas, la vida de Marco Pantani está tan llena de imprevistos, momentos mágicos y caos que resulta difícil resumirla en unos cuantos párrafos. La mano de la Mafia se intuye tras su dolorosa descalificación en el Giro del 99 (según parece, habían apostado contra él y no les interesaba que ganara la carrera) y una muerte que aún no se sabe si fue por accidente, suicidio o incluso un asesinato indirecto. En cualquier caso, por más que lo intentó, Pantani no logró nunca superar el haber sido expulsado de la competición en su momento más dulce como corredor. Comenzó a consumir cocaína, cayó en una depresión que le hizo adicto a diversas substancias y ya apenas brilló más que en el Tour del 2000 con dos inolvidables etapas (sobre todo, la segunda) ganadas frente a Lance Amrstrong.

Retrospectivamente parece comprensible que Marco cayera en un pozo teniendo en cuenta los esfuerzos que tuvo que realizar y los accidentes que se vio obligado a superar para llegar a la cima.

Durante la celebración de la clásica Milán-Turín de 1995, cuando ya había impresionado al mundo del deporte con rutilantes actuaciones en Giro y Tour, Pantani sufrió una terrible colisión con un automóvil que le mantuvo en el dique seco durante un tiempo considerable. Meses antes se había perdido el Giro debido a otro choque con un coche. En primera instancia, todos se temían lo peor. Marco estaba destrozado. Algunos periodistas se aventuraron a decir que no podría volver a correr pero, obcecado y seguro de sí mismo, (acostumbrado a subir a toda velocidad las carreteras más duras), Pantani se superó a sí mismo y volvió a poner en pie a los aficionados al ciclismo. No había sido esta, como ya dije, su primera caída. También cuando era un chaval que corría en amateurs tuvo múltiples percances. Tampoco la última. Al poco de volver, con toda Italia pendiente de su milagrosa recuperación, un gato se cruzó en su camino y se vio forzado a retirarse del Giro del 97. En cualquier caso, lo que Marco no pudo nunca digerir fue aquella descalificación con sabor a puñalada trapera, a disparo a sangre fría por la espalda. Probablemente, como casi todos los ciclistas de aquella época, Pantani se dopaba. De hecho, su dopaje es utilizado por algunos expertos para explicar su mejora en las contrarreloj y su incontestable dominio en el Giro del 99. Pero bien es cierto que la aparición de esos análisis de hematocrito fue muy sospechosa y que posiblemente no pertenecían a él o estuvieran trucados de algún modo. Con lo que resulta bastante factible que Marco fuera tomado por inocente en actos de los que era culpable y que aquel justo en el que era inocente fuera el detonante de su caída a los infiernos.

A todos estos avatares, por cierto, hay que añadir otro dato en absoluto menor como el que conquistara su primer y único Tour (el del 98) en una de las ediciones más escandalosas y polémicas que se recuerdan. Con el equipo Festina eliminado por dopaje, los equipos españoles retirándose y los ciclistas realizando una huelga en plena etapa. Es decir; con una amenaza de suspensión inmimente a lo largo de la carrera que pudo terminar casi de milagro debido a los ímprovos esfuerzos de Jean-Marie Leblanc. A ese Tour, por cierto, Pantani llegó sin casi haberse entrenado pues no pensaba disputarlo y, de hecho, durante la primera semana le cayó en contra una minutada que pudo revetir porque el italiano era un loable demente que estaba llamado para lo imposible.

En fin, como vemos, casi todo lo relacionado con Pantani es una locura, un delirio que en realidad se corresponde perfectamente con lo que fue como ciclista. Un galgo que realizó una de las mayores hazañas épicas de su trayectoria justo tras un pequeño inconveniente. Me refiero, claro, a la mítica etapa del Giro del 99 con llegada en Santuario de Oropa. La cadena se le salío de la bici y, como siempre en Pantani, lo que parecía un mero trámite, se le complicó hasta tal punto que sus rivales lo dejaron en la cuneta intentando aprovechar su traspiés para robarle tiempo. En un principio, Marco parecía fuera de juego, se le veía mitad enojado, mitad confuso, pero en cuanto recuperó la moral junto a sus compañeros escolta del Mercatone, ganó la rabia. El deseo de vengarse. Pantani estaba exultante ese día y protagonizó una inverosímil remontada. Viniendo desde atrás comenzó a superar uno a uno a sus oponentes hasta dar caza a Laurent Jalabert, demarrar y continuar cabalgando en solitario hacia la inmortalidad. A la conquista de una de esas victorias que no importa cuantos años pasen, se recordará con pelos de punta. Para el nutrido apartado de anécdotas de Marco decir que no levantó las manos en la meta porque pensaba que no había logrado atrapar a todos sus adversarios.

…………………………………….

De todas formas, Pantani tiene tantas victorias descomunales que resulta difícil, muy difícil, elegir sólo una. Basta, por ejemplo, indicar que se impuso en un par de ocasiones en Alpe D’Huez (95 y 97). Una montaña en la que se manejaba con tanta soltura que parecia haberse criado a sus faldas. Pero, repito, Marco tiene tantas conquistas reseñables a sus espaldas que el hecho de haber triunfado allí queda más como una consecuencia lógica de sus facultades que como un inapelable hito. Inolvidable, por ejemplo, fue su impresionante conquista en el Tour del 98 en la etapa terminada en Les Deux Alpes. Entre un temporal de lluvia y un frío que quitaba el hipo, Pantani realizó una machada que parecía utópica en la primera semana de aquel Tour: derrotar a Jan Ullrich merced a una escalofriante escapada en el Col du Galibier; ni más ni menos que 50 kilómetros antes del fin de aquella etapa que dio sentido a aquel Tour manchado por la ignonimia. Ese día, sí, Pantani parecía un asesino, más que subir una montaña parecía comérsela, tenía una mirada volcánica que hacía saltar chispas allá donde se asomaba y acabó metiéndole una incontestable minutada al alemán y enfundándose su primer maillot amarillo tras una cabalgada bajo la lluvia que lo convirtió en un icónico modelo ciclista. Dio sentido a esa comparación con Coppi que lo perseguía allá por donde iba.

Meses atrás, había ganado su primer Giro, el del 98, tras realizar todo tipo de diabluras en las tres etapas alpinas de aquella edición. Tantos fueron los ataques de Pantani a Zulle y a Tonkov y tan grande su desempeño que verlo subir como un poseso se convirtió en una costumbre. Pantani atacando en una montaña era una costumbre tan habitual como contemplar salir el sol por las mañanas. Pero, a pesar de eso, era difícil no ponerse de pie cuando ejecutaba con nerviosismo algunos de sus demarrajes como los llevados a cabo en la etapa finalizada en Plan di Montecampione con un Tonkov exhausto, intentando resistir las venenosas arrancadas de un hombre que llegó a tal nivel de maestría en la montaña que, en vez de subir, parecía estar descendiendo.

Una puta locura que tuvo otro momento estelar en la carrera que lo hizo famoso en medio mundo: el Giro del 94. Y, concretamente, la durísima etapa que finalizaría en Aprica tras atravesar ni más ni menos que el Mortirolo. Una de esas montañas que provocan urticaria y temblores a los ciclistas con sólo nombrarlas (con cuestas de hasta el 23% por ciento de desnivel) pero que a Pantani en concreto le fascinaban. Pues sabía que era su terreno. Su flotador dentro de la competición. Allí precisamente, en las rampas sin aparente final del también conocido como Puerto de la Foppa, lanzó un hachazo de tal calibre que ni Evgene Berzin ni Miguel Induráin pudieron seguirle. A la cima de la infernal montaña llegó destacado pero aún así esperó al navarro en la bajada para imprimir un mayor ritmo a la escapada. Dicho y hecho, Pantani, Induráin y otro alma libre (el «Cacaíto» Rodríguez) se presentaron con una buena diferencia sobre el grupo del líder Berzin a las faldas de El Válico de Santa Cristina. Un puerto de segunda categoría donde, desde el principio, Marco atacó como un vándalo imprimiendo un soberano castigo a un Induráin absolutamente impotente ante el genio de las alturas. Ese italiano que más que montar en bici parecía volar en cuanto el terreno se endurecía.

De todas formas, Pantani era tan poético y quijotesco que son tan loables las etapas que ganó como aquellas en las que no pudo levantar las manos a meta. Su grandeza radicaba en que no se rendía jamás, lo intentaba y lo intentaba a pesar de que sus condiciones parecían ser peores que la de otros superclase. Resulta, desde luego, muy difícil a este respecto no citar las ya mencionadas dos etapas que le ganó a Armstrong en el Tour del 2000. Sobre todo, la segunda. Porque fue una de las escasas ocasiones en las que el norteamericano se vio desbordado en montaña por un frenético, rabioso Pantani al que no le había gustado nada que un disciplente Armstrong declarase que le había dejado ganar la anterior etapa a la que habían llegado juntos. Aquella victoria frente al texano fue el último canto de cisne del ciclista italiano. Su último vuelo libre por las cornisas del gran ciclismo. Fue su último poema. Su última Buena Nueva. En verdad, Pantani se había asomado a los abismos y ya nunca saldría de ellos. Pero, por supuesto, ese recorrido por la oscuridad no puede hacer olvidar todos esos días en los que brilló tanto que por momentos opacó el sol y a todos los astros.

Pantani era alguien tan luchador, un escalador tan pasional y novelesco que no fue tan sólo italiano. Fue nuestro, de todos los que lo abríamos los ojos y ya no los cerrábamos en cuanto se levantaba sobre el sillín. Creo que, por encima de todo, hay que recordarlo así. Dejando quieto como una estatua a Richard Virenque en Alpe D’Huez, sacando de su rueda con rabia a Lance Amstrong en Courchevel o subiendo como un bandido entre la niebla y la lluvia como si no hubiera un mañana. En realidad, amamos tanto a Pantani no sólo por nuestra tendencia natural a admirar a los héroes sino porque tanto en sus victorias como en sus derrotas, en sus puntos más altos y bajos, siempre se mostró humano, demasiado humano. Más pasional que un vino romano o un partido de fútbol en Nápoles. Capaz, por tanto, de cometer los mismos errores que cualquiera de nosotros si, por un azar del destino, los dioses nos hubieran considerado su elegido para una misión en concreto. Shalam

من السهل التحدث بوضوح عندما لا تريد قول الحقيقة كاملة.

Es fácil hablar claro cuando no se va a decir toda la verdad

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….yellow river…..
    2imagen…..»marco il ciclista» dice el tema que sugiere tu foto: bravissimo…(credit lyonnais es el banco que contrata a los desviados de la familia reale española)….sonrisa….
    3imagen….la cara el espejo del alma (lo llevo escrito, entre ceja y ceja)…..
    4imagen…no se por que esta escena es similar al final de «con la muerte en los talones»…https://www.youtube.com/watch?v=3V_hVPWBqe8
    5imagen…..lo veo bien, con ese perfil-hueso de la cara que le va desde detras de la oreja al pomulo del ojo derecho…..
    6imagen….el angulo de la bicicleta parece que hace una tumbada imposibile…..
    7imagen….claro, claro, la nieve ha desaparecido(me voy dando un paseo)
    8imagen….esta escultura es tan guapa como las que hacia pablo gargallo el escultor aragones(1881-1934)…….
    PD..https://www.youtube.com/watch?v=vhuCDDWQ2kc…yellow river….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) los italianos hacen de una carrera de bicicletas un desfile de moda. 2) Parece el renacido o un superhéroe de Marvel sin manos levantando los brazos tras una batalla terrible. Parece el profesor Xavier de la Patrulla X. 3) Obrero de camino a la mina. 4) Aquí parece un practicante de spinning haciendo su deporte antes de salir de fiesta el fin de semana. 5) Aquí volvió loco a Tonkov que no sabía qué hacer con él. Dos hombres serios en su particular western. 6) Un cohete en dirección a la luna o el firmamento. La gente son estelas de fuego…7) Aquí parece un superhéroe anciano negándose a morir. Un personaje de una película de Shyamalan. 8) Paisaje vasco. Oteiza. Homenaje a los ciclistas bilbainos.jjajaj PD: No los conocía…. la verdad es que son muy, muy, muy, muy, muy, muy Beatles..jjjja

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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