La guerra del cerdo (8)
Prosigo con mi particular diario –La guerra del cerdo– y dejo a continuación algunas de mis últimas impresiones y experiencias con ese mundo...
Hubo épocas en que conversar era un arte. Los cafés se encontraban llenos de malabaristas de los diálogos, lienzos de pintores anónimos y señores mudos cuyos pensamientos se escuchaban en todas las zonas. Antes y después de la Segunda Guerra Mundial, el café no era tanto un estímulo para el trabajo como una excusa para preguntarnos qué estamos haciendo aquí, qué hemos venido a hacer a este mundo, donde escuchar y hablar eran dos artes complementarios. La bebida ilustraba sobre la vida disipada, la escasa importancia del orgullo y las ilusiones, y los seres humanos intentábamos tal vez hallar un sentido a ciertas preguntas, las cuestiones eternas, en medio del fragor cotidiano. Pero esa no es mi percepción actual. A día de hoy creo que la mayoría de personas lo saben y conocen absolutamente TODO y no es por tanto necesario ni hacerse compañía ni dialogar. No hay más que un fin y es el poder o la supervivencia. Por otra parte, creo que así ha sido siempre y así seguirá siendo. Por lo que las obras que más me interesan suelen estar protagonizados por personas con omnímodo poder y subalternos. Amos y esclavos. Aunque también me gustan mucho las que escarban en los huecos negros y medios que quedan en medio de la tensa y armónica relación entre señores y sirvientes, como es el caso de las de Vila-Matas, Pitol, Tabucchi o Pessoa.
En realidad, la literatura actual cumple el papel de ese diálogo que ya no nos permitimos tener en la calle. Aunque en gran medida, la literatura es otro monólogo. Alguien habla y alguien escucha y apenas hay posibilidad de intervenir. Razón por la que el poder no acaba de una vez y por todas con los libros y se encarga sutilmente de que la mayoría lean los mismos y pronuncien parecidos elogios sobre ellos. Todo con tal de evitar que los seres humanos nos preguntemos para qué vivimos y sigamos gritando encarnizadamente en una u otra dirección o respirando aliviados porque de momento podemos evitar la quema económica, laboral y vital. Shalam
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