Manuscrito
Termino ahora de releer por enésima vez el manuscrito de Bruja antes de entregárselo definitivamente a los editores. ¿Qué es lo que he querido hacer...
No me parece descabellado comparar La muerte de Virgilio con Bajo el volcán. Novelas que se desarrollan en pocas horas y en las que apenas acontecen sucesos, pero en las que se lleva a cabo un reflexión de una intensidad descomunal sobre la expiación y los demonios occidentales. Viajes interiores de dimensiones gnósticas. Oscuros y complejos tapices que se agarran a los textos clásicos con la desesperación de los náufragos y no para hacer proselitismo de ningún tipo.
En realidad, La muerte de Virgilio es un milagro creativo. Es una obra inabarcable. Es una asombrosa mezcla de prosa y poesía que dialoga directamente con los cielos. Atraviesa las colinas de la desesperación y el olvido y transforma las disyuntivas y vacilaciones del vate latino en misterios cósmicos. Trascendentales y universales preguntas que son la voz del caos y los abismos. Muchas de sus frases son aforismos poéticos. Extractos de sabiduría nihilista arrancados a las tinieblas primigenias. Y cualquiera de sus páginas un baño en el éter. Un chapuzón en las aguas elementales de las que surge el invisible aura de las obras inmortales. Probablemente, porque la obra de Broch brota de las semillas con las que los dioses regaron los campos en los orígenes, asegurándose así que, incluso en medio de los más violentos vendavales, hubiera quien recogiera frutos en los campos oscuros. Shalam
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