Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
Contenido relacionado
Videoaverías
Averías populares
Vicio propio es una psicotrópica -¿podía ser de otro modo?- lectura de la novela policíaca. Un sueño eterno de la era posmoderna. Una novela construida como un artefacto pop. Un delirio autoreferencial. Una especie de resaca del Pet Sounds. Un cocktail de marihuana y LSD en trance de ser sustituido por uno de cocaína y whisky. Un testimonio alucinado de cómo tanto el hippismo como Woodstock o el consumo masivo de drogas fueron promovidos por el Gobierno. Una esquizoide narración, en definitiva, que muestra sin incidir en ello en ningún momento, cómo la supuesta libertad de cientos de jóvenes era, en realidad, buscada por el Poder tanto para hacer fortuna con el contrabando de droga como para desarrollar el armamento militar y colonizar terrenos sagrados o desiertos donde instalar nuevas urbanizaciones.
No obstante y, a pesar de sus momentos de genialidad excéntrica, Vicio propio es más una deuda, un homenaje personal a una época o un divertimento que una obra cumbre. Y si quería llamar hoy la atención sobre esta novela (que sufrió por cierto una soporífera, contra pronóstico, adaptación de Paul Thomas Anderson) es por una de esas alucinantes comparaciones y metáforas que, como dije al principio, suelen aparecer en sus textos y dan sentido al tiempo invertido en leerlos.
0 comentarios