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Un domingo triste

Sep 13, 2022 | 2 Comentarios

He de reconocer que me sentí triste al saber del fallecimiento de Javier Marías el pasado domingo. En realidad, nunca fui un aficionado a sus novelas. Leí Mañana en la batalla piensa en mí a mediados de los 90 y, a pesar de que me pareció un muy buen libro, rápidamente, comprendí que ese escritor no era para mí. Que nunca lograría empatizar con lo que narraba. Afirmación que corroboré al abrir un par de novelas más que no logré terminar. Lo que en absoluto significa que las despreciara. Simplemente, el novelista Marías no era mi cup of tea. Básicamente, porque ni el argumento de sus libros ni lo que le ocurría a los personajes me interesaba lo más mínimo. Aunque sí me parecían sumamente valiosas las disgresiones del narrador o las del protagonista en medio de las que podía escuchar a Marías realizar lúcidas reflexiones que no obstante, a mí al menos no me compensaban el esfuerzo de leer la novela entera.

Dicho esto, me encantaba su figura de lector anglófilo, recluído en su hogar lleno de libros y películas clásicas que ejercían de salvoconducto vital para alguien, como él, alérgico a los vicios contemporáneos. A las estupideces posmodernas. A este respecto, no me perdía ninguna de sus entrevistas. Disfrutaba viéndolo razonar y hablar. Y, sobre todo, amaba sus artículos y textos breves.

Recuerdo en concreto un prólogo que abría una novela de Thomas Bernhard que era absolutamente esplendoroso. Marías dejaba claro ahí la faceta cómica y satírica del escritor austriaco. Lo vinculaba a los grandes humoristas de todos los tiempos sin por ello quitarle un ápice de bilis a sus escritos. El escritor madrileño diseccionaba en dos o tres páginas con tal agudeza el nihilismo de Bernhard, que no pude más que aplaudir. He olvidado a qué libro de Bernhard servía de prólogo el texto de Marías pero recomiendo a cualquiera que (si lo encuentra) lo lea. Porque ahí se encuentran las claves para penetrar en el incendiario estilo del autor austriaco pero también las pruebas de la indiscutible lucidez y sabiduría literaria de Marías. Alguien que, repito, me interesaba mucho más cuando hablaba de otros escritores que cuando contaba una historia propia. Porque si algo tengo claro es que era un lector agudo. Uno de esos capaces de percibir en pocos instantes la respiración interna del texto, los detalles que hacen valiosa una obra y los ripios que la condenan al olvido. A este respecto, estoy seguro de que tuvo que ser un excelente traductor. Alguien que establecía una relación de absoluta complicidad con los autores cuya obra vertía al idioma español.

Por supuesto, (ya lo he dejado claro), amo al Marías articulista. Lo primero que hacía cada domingo era leer su texto semanal. Un responso espiritual en tiempos obtusos. Un viento de sensatez y lúcida amargura en medio del caótico discurrir cotidiano. Si he de ser sincero casi siempre estaba de acuerdo con lo que allí manifestaba o al menos empatizaba con el punto de vista desde el que transmitía sus invectivas en contra de las estupideces modernas. Sobre todo, amaba el tono destemplado y áspero con el que se refería a nuestro triste mundo. Tengo para mí que con el tiempo, (cuando lo que hoy nos parece moderno e inteligente haya pasado de moda y sea considerado una absoluta sandez, si el mundo aún sigue en pie) los artículos de Marías aún cobraran más valor. Serán entendidos como los de un hombre con criterio propio y personalidad cuyas muchas lecturas y vivencias le permitieron construir una pequeña torre desde la que estar a refugio de bárbaros y oportunistas. De las sirenas del éxito, del dinero y de la fama.

Marías era el azote de los vanidosos, de los irrespetuosos y de los desacralizadores. De los ruidosos y de los incultos. Creo que todos los que lo leímos durante décadas, lo considerábamos un amigo distante. Alguien con quien compartíamos ciertos gustos, cierta visión de la vida y tomábamos un brevé café una vez a la semana.  Por eso su partida duele un poco más que la de otros artistas. Porque fue lo suficientemente afable como para convertir la cultura no en una torre sino en un puente para reflexionar de manera clara y concisa sobre la dolorosa deriva de nuestro mundo. A partir de ahora, los domingos (al menos los míos) serán, si cabe, un poco más aburridos. Un poco más tristes. Shalam

النجاح لا شيء. النجاح هو الجانب الآخر من المطاردة

El éxito no es nada. El éxito es la otra cara de la persecución

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1ºimagen….del libro salen dos cables que van a las dos sienes……
    2ºimagen….con estos ladrillos hare una casa……
    3ºimagen….en la champanera dorada hay vino tinto…..
    4ºimagen….el de al lado esta recien pintado…..
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=mMI9IvZ12J0….fso 2015 oficial suite matrix….mira el her director el colega parece el sacristan de la iglesia del carmen..jajajjj..(y el de la coleta, al final, tó calvo tambien lo flippa )

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Rememorando las lecturas de los cuentos de los hermanos Grimm durante la infancia 2) Pastelero lleva dulces a la cocina. Piensa en el resultado de su trabajo 3) Podría ser un Capitán Nemo viajando por un mundo perdido en su submarino. La biblioteca como coraza. 4) Actor de teatro recitando unas líneas de una obra de Chejov PD: Excelente interpretación. Bueno. Más que el sacristán parece el mismísimo Keanu Reeves reencarnado en director.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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