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Tres balas en la escopeta

Ene 16, 2024 | 2 Comentarios

Leyendo las Memorias de Ultratumba, el célebre libro de Chateaubriand, me encuentro de repente con un pasaje que me provoca una profunda sorpresa. El seco y descarnado relato de su intento de suicidio:

«Yo tenía una escopeta de caza cuyo gatillo estaba tan gastado que a menudo se le escapaba el seguro. Cargué esta escopeta con tres balas, y me dirigí a un lugar apartado del gran Mail. Monté la escopeta, introduje el extremo del cañón en mi boca, golpeé la culata contra el suelo; repetí varias veces el intento: el tiro no salió; la aparición de un guarda hizo que suspendiera mi decisión. Fatalista sin quererlo ni saberlo, supuse que mi hora no había llegado, así que dejé para otro día la ejecución de mi plan».

El episodio me sorprende por varios motivos. Constatar lo cerca que estuvo Chateaubriand de acabar con su propia vida cuando no era aún más que un ensoñiscado adolescente. Si el seguro de la escopeta hubiera fallado (como solía hacerlo) una de las mentes más lúcidas y visionarias de Europa habría muerto sin haber dejado ningún testimonio perecedero. Ni Atala ni El genio del cristianismo, por ejemplo, habrían sido escritos.

En cualquier caso, sobre todo, me sorprende la razón que lo condujo a tomar la decisión: un leve enamoramiento platónico.

Páginas atrás nos había contado cómo al cruzarse en el castillo familiar con la hermosa mujer de un señor de Combourg, sintío tal arrobo que creyó desfallecer. Comprendió en ese momento que no había nada más importante que el amor. Dejó de leer, de comer, comenzó a alejarse de sus familiares y pasaba noches enteras eculubrando sobre el bello rostro y cuerpo de una mujer ideal, que adornaba con tantos detalles y virtudes, que lógicamente entendía que nunca podría complacer.

En páginas tan tiernas como estremecedoras incide en su tristeza. No se siente digno de su fantasía y profundiza en su tremenda desdicha que entierra su ánimo en los más angostos pántanos. Y como consencuencia de ello, decide acabar con su vida.

En realidad, como todos sabemos, René de Chateaubriand fue uno de los grandes pensadores románticos. Así que, (aunque el testimonio es tan seco y cruento que apostaría que es verídico), podría ser una reelaboración posterior del mismo escritor. Más que nada porque, como todos sabemos, romanticismo, desamor y suicidio son palabras que van de la mano. La publicación del Werther de Goethe generó una ola de preocupantes suicidios. La exaltación romántica de los sentimientos  acabó con el cepo de sujeción religiosa, la maraña de racionalidad ilustrada y de paso, con la vida de unos cuantos muchachos incapaces de aceptar las asperezas del desamor. Orgullosos de morir en plena juventud antes que disolverse en las fúnebres y tediosas lontananzas de la madurez.

Al parecer, durante unos años, un intento de suicidio se convirtió en una experiencia ineludible en ciertos ámbitos de Europa. Al igual que el consumo de drogas en la década de los 60 del pasado siglo, era una prueba de que se estaba acorde con el espíritu de los tiempos. Los supervivientes podían integrarse a la vida adulta con aires renovados y los que fallecían se convertía en mártires icónicos de su época.

Es por todos estos motivos por los que pienso que tal vez Chateaubriand exagere o mienta. Sin el correspondiente intento de suicidio (una medalla más para su historial) supongo que no se sentiría merecedor del título de genio del romanticismo. Aunque probablemente sí sea cierto lo que narra. De hecho, dedica tantas páginas a su abatimiento sentimental que no queda más que creerle. En cualquier caso, la breve y concisa descripción del fallido acto suicida me parece admirable. Incluso feroz. Más que a un escritor de hace dos siglos parece pertenecer a uno del siglo XX. El mismísimo Ernest Hemingway habría firmado un párrafo así. Shalam

والرجل الذي يفهم الله سيكون إلهاً آخر

El hombre que comprendiese a Dios sería otro Dios

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…socorriendo al albañil que se ha caido del andamio(goya)
    2imagen…en plan napoleon….(no sabia que hacer con las manos)…
    haz algo que pareces de escayola(buñuel a paco rabal-nazarin)….
    3imagen…el peine de jerusalem….(año chillida)…sonrisa
    4imagen…abrigate que te vas a enfriar…..
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=1FhNfXEG1Hk…the kinks..waterloo sunset….1967….

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      1) Desolación. Boceto de obra de Delacroix. 2) En este modelo se inspiraron sin saberlo los indies y los emos. Cada una a su manera. De su mezcla sale ese aspecto. 3) El fin de la tierra y el fin de la vida unidos sobre un cielo eterno. 4) A vida o muerte. No entres en mi propiedad. Con la literatura no se juega. PD: una de las mejores canciones de la historia del pop. No me deja de sorprender lo tranquilos que todos ellos están.

      Responder

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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