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Suciedad y heroísmo (1)

Ago 27, 2022 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al Daredevil de Frank Miller y Klaus Janson. El cual recomiendo leer escuchando uno de los temas de la banda sonora compuesta por John Paesano para la segunda temporada de la serie de Netflix: «Sparring». Por cierto que, debido a su extensión, lo dividiré en dos partes. Hoy publico la primera y pronto, la segunda.

Suciedad y heroísmo (1)

Creo que no existen muchas dudas al respecto. El Daredevil de Frank Miller y Klaus Janson es una obra maestra del cómic. En decenas de distintos lugares se han enumerado sus inmensas virtudes y me resulta difícil añadir algo a las lúcidas visiones sobre la aportación realizada por estos dos autores a una colección que iba de capa caída y cuyo destino parecía ser la desaparición, pero que, gracias a su talento, se convirtió en imprescindible. Una obra viva, trágica y llena de interés.

No obstante, me resulta también muy difícil no dedicarle un avería. Unas palabras aunque sea. Porque, gracias a Miller, Daredevil se convirtió en una mezcla entre una novela negra de Raymond Chandler y una tragedia existencialista. Una obra seca y seria, llena de épica y momentos dramáticos que parecía extraída de la realidad. Antes de llegada de Miller a Daredevil, la colección se encontraba encasillada y sin rumbo. Estaba llena de tópicos, carecía de vida. Por contra, tras su partida, se había convertido, además de en la de mayor interés de Marvel, en una obra que podía codearse de tú a tú con los clásicos del cómic norteamericano, con los grandes filmes de la época (caso de Taxi Driver) e incluso podía hacerse un hueco en medio de la más desgarrada literatura de su país.

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Obviamente, como ocurre con casi todas las revoluciones, prácticamente nadie podía predecir lo que estaba a punto a ocurrir cuando un joven muchacho sin mucha experiencia procedente de Maryland comenzó a dibujar una colección que parecía destinada a ser clausurada en pocos meses. El día en el que Frank Miller se puso al frente del apartado gráfico de Daredevil, su nombre fue precedido de los clásicos adjetivos calificativos con los que Stan Lee solía presentar a los nuevos creadores y personajes o cuando anunciaba algún cambio significativo. Era algo habitual así que posiblemente ningún lector le dio más importancia de la justa. Aunque lo cierto es que en esta ocasión sus palabras fueron proféticas. Visionarias.  En cualquier caso, los principios fueron un tanto discretos. Miller sólo dibujaba y poco podía aportar a la visión del personaje. Aunque cierto es que, a los pocos números, había sintonizado perfectamente con la colección y sus dibujos comenzaron a captar con agudeza la atmósfera sórdida de Nueva York, concedían relieve y profundidad a las escenas de acción e iban poco a poco dotando de nervio y vida a un personaje que estaba no hacía más de unos meses languideciendo.

A este respecto, es necesario citar los guiones de Roger Mckenzie, los cuales poseían un buen nivel. A veces eran un tanto intrascendentes, pero tal vez gracias al influjo de Miller, Roger pudo ir centrándose, contribuyendo a dotar de carisma a una colección que, eso sí, no estallaría del todo hasta que su compañero tomó también el rumbo argumental.

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Mckenzie puso el foco en los bajos fondos, comenzó a vislumbrar la importancia de las distintas relaciones sentimentales de Matt Murdock y trajo de vuelta a un carismático villano (un tanto desaprovechado hasta entonces) como Bullseye. También comenzó a anunciar la importancia que tendrían diversos personajes secundarios con un número que es un clásico en la historia de la colección. Me refiero a aquel en el que el periodista Ben Urich le revela a Daredevil que sabe cuál es su identidad secreta.

Mckenzie, no obstante, daba una de cal y otra de arena. Las historias que dedicó a Hulk y al Dr Octopus, por ejemplo, carecían de la fuerza necesaria. Probablemente Mckenzie no terminaba de creer en la enorme fuerza dramática de Daredevil y, por tanto, utilizó diversos cebos para atrapar el lector. En este caso, introdujo a unos cuantos clásicos personajes del Universo Marvel con el fin de que contribuyeran a aumentar el interés por una colección que estaba comenzando poco a poco a ser propiedad de su dibujante: Frank Miller.

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Frank Miller se hizo con el completo control de la colección en el número 168 y, desde el principio, dejó claro que él iba a marcar sus propios y personales reglamentos.

La portada de aquel mítico cómic (en la que aparecía Elektra, un nuevo y fascinante personaje) ya dejaba claro que nada iba a ser igual. Al contrario que Mckenzie, Miller no recurría a la vieja guardia de Marvel. De hecho, si bien tenía que contar con ella en una medida u otra, tendía a rehuirla. En su Daredevil era muy difícil encontrar caras conocidas. Miller no las necesitaba porque le bastaba con profundizar en el corazón de Matt Murdock para crear una obra sobrecogedora. No obstante, se ocupara de viejos o nuevos caracteres, Miller era capaz de dotarles de una nueva dimensión nunca hasta entonces entrevista. Por ejemplo, en sus manos, Bullseye se convirtió en un villano esquizoide no tan lejano al Joker. Un malo lleno de aristas que estallaban en los continuos enfrentamientos con Daredevil que, en algún caso, eran más psicológicos que físicos. Para el recuerdo quedan, por ejemplo, dos números inolvidables. Aquel en el que un desatado Bullseye acaba con Elektra. Uno de los momentos más icónicos de la historia de Marvel. Un instante trágico que sería el detonante de las primeras bajadas a los infiernos de Matt Murdock. Y otro esquizoide episodio en el que Daredevil juega a la ruleta rusa con un Bullseye impedido en su cama de hospital. Un número en el que si bien apenas hay sangre, la violencia contenida y moral invadía cada una de las viñetas llenándolas de tensión.

De repente, sí, aquello que hacía Miller no estaba tan lejos de lo que hacían Martin Scorsese, Michael Cimino o Sidney Lumet a finales de los 70 en el cine. De hecho, por momentos, era incluso más sórdido. Más psicóticamente enfermo. Más cínico e incluso más amoral. Algo en lo que se percibía tanto el amor de Miller por la novela negra como su malestar con una ciudad que era un hervidero caótico y violento como Nueva York, en la que el autor norteamericano había sido asaltado más de una vez.

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Sin dudas, repito, uno de los grandes logros de Miller fue conseguir dotar tanto de dimensiones trágicas como profundamente psíquicas a cada uno de los combates de Daredevil con sus enemigos así como a sus relaciones amorosas. Cuando el héroe de Miller pegaba un puñetazo, sentíamos que no estaba únicamente utilizando su fuerza física. Percibíamos que había mucho más. Que estaba librando una batalla con sus propios demonios. De hecho, a veces, sus puños parecían más golpear a los cielos o a los abismos que al mentón o a la nariz de sus enemigos.

De repente, Daredevil era un personaje de dimensiones shakesperianas. Un hombre en eterna lucha consigo mismo cuyo mundo interior quedaba perfectamente reflejado en los sucios callejones, en las sombrías callejuelas del puerto, en los oscuros edificios, en las húmedas carreteras, los lluviosos anocheceres y el viejo pavimento de una Nueva York que Miller retrató con pulso firme y nervioso. Destacando su violenta fisicidad y todo tipo de detalles que convertían los paseos de Matt Murdock y sus compañeros por sus avenidas en viajes por el purgatorio. Bailes entre sombras en medio de los que, de tanto en tanto, aparecía una luz que no tardaba en difuminarse.

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A Miller hay que darle mucho mérito en dibujar una ciudad grasienta y realista, sucia y viciosa; una ciudad ideal para los gangsters y los negocios turbios en la que eran precisamente héroes como Daredevil y abogados como Matt Murdock los que estaban de más y caminaban y luchaban a contracorriente. Pero posiblemente no habría podido hacerlo con tanta profundidad de no ser por el talento del entintador Klaus Janson. Alguien que logró el equilibro justo de oscuridad y color que se necesitaba para dotar de personalidad a una colección que iba poco a poco creando adicción y, a los pocos meses de encontrarse en las manos de Miller, había experimentado un aumento en ventas que se correspondía con su mayor calidad e interés.

A principios de los 80, de hecho, no existía lectura más intensa y desgarradora que el Daredevil de Miller. Un autor que, a pesar de su juventud, escribía con la sabiduría de un anciano. Con el pulso de un veterano. Shalam

كل ما حدث لك حقيقي ، حتى أحلامك. منهم قبل كل شيء

Todo cuanto te ha ocurrido es real, incluso tus sueños. Ellos sobre todo

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1ºimagen….la tridenta gipsy, la robotica y el bateria de ac/dc…..el telon son los 7 samurais…..
    2ºimagen….cato(el chino asistente en la pantera rosa pelicula peter sellers) y los campeonatos de salto de trampolin…jajajj
    3ºimagen….me extraña que me estriña…..(con frank sinatra)….
    4ºimagen….la piedad vaticana (miguel angel)….
    5ºimagen…..el beso (constantin brancusi)…..
    6ºimagen….uno, dos, tres, cuatro……. 997, 998, 999, 1000….
    7ºimagen…..la primera viñeta un yunque…..la segunda viñeta a dd le sale la pierna del antebrazo, hombre dibujante es que son dos ciervos en la berrea….sonrisa….
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=w019MzRosmk….my way…live 1974…madison square garden n.y…..

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Parecen los viejos y peligrosos enemigos de Bruce Lee en una vieja película. 2) Aquí lo mejor es la interjección. Puro dibujos Hanna Barberah. Frase: «THOWKk».. jjajaj. 3) Vivimos en un mundo duro y complicado. Hombres hechos a sí mismos. 4) Padre ¿por qué te lo has llevado? Escena bíblica. Apoteosis crística. 5) Amor diabólico. Fotografía sacada de un filme de serie b de artes marciales que se desarrolla en Tailandia. Los actores se esmeran. Se esfuerzan. 6) El cazador, Cimino. 7) Dos gacelas condenadas a luchar en un bloque de edificios. Varios tipos observan su combate por televisión interna y sonríen. Hay apuestas. Dinero en juego. PD: Trascendente interpretación. El traje impresionante. El público, como siempre, lo mejor. Parecen fantasmas entregados a su gurú sobrenatural.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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