Bucólico cronopio
Tengo la impresión de que el día que muera Patricio Peñalver, va a caerse un trozo de Murcia. Y que los que lo sobrevivan seguro que no se...
Thomas Bernhard es un Dostoievsky con el alma de un bufón. Su literatura es un carnaval violento. Un puñal. Bernhard es un asesino y Beckett un artista tan pesimista que acaba ejerciendo de funcionario. Como si fuera un metódico personaje de Kafka, va laboriosamente enredando la trama y destruyéndola hasta que el lector cae atrapado en un mundo absurdo que no comprende sin respuesta alguna. En la sociedad de Beckett no hay fiestas. Cualquier día es igual a otro. Todo el tiempo es lunes. Nada tiene sentido. Todo es absurdo. Lavarse los dientes o leer el periódico son actos mortales. Repetitivos. No traen más que brumas. Son un reflejo de la desidia humana. En las obras de Samuel Beckett no hay más que lenguaje. El hombre es lenguaje. Abstracción. Y en la de Bernhard, risas y odio. Rabia y carcajadas. Ambos autores en última instancia dejan muy claro que ser humano es estar solo. Y que más allá de la soledad total y absoluta sólo hay guerras y mentiras. El absurdo y lamentable mundo cotidiano. Shalam
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